TESTIMONIOS

Como hablábamos en la introducción, y tras oír los comentarios de las ya miles de personas que hicieron el retiro, podemos concluir que esta experiencia cambió las vidas de la casi totalidad de todos ellos.

Este retiro es un «caso de éxito» sorprendente.

Muchos acudieron para reforzar su fe, otros empujados por la necesidad de llenar un vacío de su alma, o por la insistencia de su mujer o su amigo; pero también les sirvió muy positivamente a aquellos ateos, agnósticos o gentes muy alejadas de La Iglesia que este planteamiento laico les despertó su curiosidad.

Por probar nada se pierde…

Sin embargo, no hay nada más ejemplificador que ver en directo los cambios transcendentales que sucedieron en las vidas de gente del entorno de cada uno y que se produjeron tras asistir al Retiro de Emaús.

Una cosa es oír los teóricos beneficios y otra es verlos materializados en gente de tu confianza y en primera persona.


Si alguna de las miles de personas que ya habéis hecho el Retiro de Emaús en San Germán queréis contar vuestra experiencia para que salga en esta página, estaremos muy agradecidos y encantados de publicarla. Simplemente hay que remitirla por mail a uno de estos correos:
emausmujeres.sangerman@gmail.com / emaushombres.sangerman@gmail.com


ÍNDICE DE TESTIMONIOS (67)

(La edad reseñada es con la que se hizo el retiro)

* CUANDO DOY UNO, RECIBO CIEN. ( I.A.C. ) (53 años).

* LO MÍO NO ES PARA MÍ, SI NO PARA TODOS. (Mª Pilar. A.G. 45. AÑOS).

* MI CORAZÓN CERRADO ERA MI PROPIA CÁRCEL. (Juan S. López) (60 años).

*¿“CUMPLIR” O DESCANSAR? Paulina S. (30 años).

*UN INCREÍBLE REGALO PARA QUIEN …. (Antonio Garrigues Miranda. 46 años).


* NO SÉ BIEN PORQUÉ, PERO ALLÍ ESTABA. (Alicia Pajares).

* DE DIOS JUSTICIERO A DIOS AMOROSO. (S.R.C. 53 años).

* ARRIESGUÉ NADA Y LO GANÉ TODO EN AQUEL FIN DE SEMANA. (Mª José. 47 años).

* SI PUDIESE, LO HARÍA CADA FIN DE SEMANA. (Mariano Díaz).

* TENGO SED…. ( Adela P. 67 años).

* HUBO UN ANTES Y UN DESPUÉS. (José Antonio García. 59 años).

* TODO ESTO, ANTES DEL RETIRO DE EMAÚS, ERA IMPENSABLE. (Chus. 57 años).


* HAY QUE VIVIRLO PARA COMPRENDER EL REGALO. (Ignacio Izquierdo. 53 años).

* MI ALMA SALIÓ LLENA DE ALEGRÍA. (Caroline Huberdeau. 34 años).

* DE LA OSCURIDAD A LA LUZ. (L.G.P. 42 años).

* MI VIDA FUE CAMBIANDO CON EL PASAR DE LAS HORAS. (Elena Galán. años).

* VENID A EMAÚS Y VEDLO VOSOTROS MISMOS. (A. Crespo. 54 años).

* EL ESPÍRITU SANTO ES LUZ Y PAZ. (B.G.C.)

* SALÍ DE UN LETARGO ESPIRITUAL DE VEINTICINCO AÑOS. (Javier. R. 53 años).

*SE VE ACTUAR AL ESPÍRITU SANTO. (Amparo. 66 años).

* YA NADA VUELVE A SER IGUAL. (Juan Carlos Torres-Dulce Ruíz. 54 años).

*TODOS SE ALEGRAN DE HABERLO VIVIDO. (Mar S.H. 56 años)

* Y RESPONDÍ SIN MÁS QUE SÍ. (Enrique Piñel. 81 años).

*JAMÁS TE DEJARÁ INDIFERENTE. (Matilde L. 53 años).

* YO SÓLO SÉ QUE ERA CIEGO Y AHORA VEO (Antonio Martín. 57 años).

*EL “LÍO” MAS GRATIFICANTE QUE HE CONOCIDO. (Mamen Rodríguez. 45 años.)

* SE ME MOSTRÓ TODO LO ERRADO QUE ESTABA. (Juan Pedro. 54 años).

* UN SPÁ PARA EL ALMA (Herma Ehrlichová. años).

* EMAÚS ME BUSCABA A MI. (Manuel Martínez. 72 años).

* TE ENCONTRÉ UNA TARDE EN EMAÚS (María J. F.V.).

*¿Y ESE RETIRO SERÍA PARA MÍ?  (Miguel Ángel Gago. 57 años).

* TODO PASA POR ALGO. (Ana M.L. 32 años).

* AUNQUE ERA ATEO, SENTÍ CURIOSIDAD EN AQUEL AVIÓN. (Antonio Quirós, 45 años).

* MI VIDA CAMBIÓ EN UN FÍN DE SEMANA. (Rodolfo Conesa, 47 años).

* ÉL SIEMPRE ESTUVO A MI LADO. (Javier Angulo, 48 años).

* UN CORAZÓN NUEVO. (Vicente Ll. P. 56 años).

* EL QUE MANEJA MI BARCA. (Alberto Beltejar Campos. 52 años).

* NADA QUE PERDER, TODO QUE GANAR. (M.R.B. 44 años).

* DÉJATE EMPAPAR. (José B.H. 54 años).

* DAME TU MANO, CUENTO CONTIGO. (Eduardo E. S. 51 años).

* ME SENTÍ MUY QUERIDO Y CUIDADO. (Enrique G.J. 50 años).

* NO IMPORTA SI CREES O NO CREES. (Gonzalo Garrigos Domínguez. 38 años).

* ORIGINAL E IMPACTANTE. (Emilio Folque. 53 años).

* PUDE CONTEMPLAR AUTÉNTICOS MILAGROS (Guzmán Soldevilla Diego. 50 años).

* ACEPTA ESTE REGALO, NO TE ARREPENTIRÁS. (Antonio Toledo Gonzalo, 63 años).

*ESTE ES MI REGALO: NO LO PIENSES, HÁZLO. (Carlos Benjumea. 37 años).

*EL HITO QUE MARCABA EL INICIO DE UN NUEVO CAMINO. (D. Bazaco. 48 años).

*UN FÍN DE SEMANA PARA GANAR TODA UNA VIDA. (Francisco Ramón Sánchez. 48 años).

*ME INSCRIBÍ CON CIERTAS RESERVAS… (C.M.A. 53 años).

*NUNCA OLVIDARÉ ESE FÍN DE SEMANA. (Raúl Benito de Pablo).

*VEN, ACOMPÁÑAME. (Ricardo Negueruela 49 años.)

*EMAÚS: UNA BOCANADA DE AIRE FRESCO. (Daniel B. 45 años.)

*CRISTO PILOTA MI VUELO. (Rafael del R. 47 años)

*HAZ EL RETIRO Y LO VERÁS, TU VIDA CAMBIARÁ. (Álvaro Rod 27 años).

*¿CREES QUE DEBO HACERLO? NO LO DUDES, SÍ. (Ignacio Durán. 45 años).

*EN UN FÍN DE SEMANA VÍ LO QUE FUI INCAPAZ EN 60 AÑOS. (José M. D. 65 años).

*ASÍ SE VIVE EN EL CIELO. (Antonio Gil. 49 años).

*DESDE ENTONCES MI RUMBO CAMBIÓ…Y SOY MÁS FELIZ. (José Ignacio Domecq. 46 años).

*CONFIÉ EN QUIEN ME INVITÓ. LUEGO DESCUBRÍ QUIEN FUE. (José María Guillén Sada. 38 años).

*FUIMOS 4 AMIGOS SIN SABER LO QUE NUESTRA VIDA CAMBIARÍA. (S. Ruiz. 56 años).

*LA CARICIA DE DIOS. (Jesús D.M.R. 56 años).

*TE PERDONAS A TI MISMO Y ASÍ ES MÁS FACIL PERDONAR (Jaime T. G.)

* PASARON YA 7 AÑOS, Y MI VIDA Y MI RELACIÓN CON LOS DEMÁS ES INFINITAMENTE MEJOR. (Juan D.L.R. 54 años).

*CON LOS OJOS BIEN ABIERTOS. (Alberto A. 33 años).

*NO LOGRABA PERDONARME. (J.J.A. 71 años).

*NO ESTÁS HUÉRFANO. (L.E.).

*EMAÚS NO IBA CONMIGO. (José Antonio Calatayud. 49 años).

*SALIR DEL ARMARIO. (Miguel Lizano, 65 años).

*ÉL HACE NUEVAS TODAS LAS COSAS. (Nacho H. 43 años).


TESTIMONIOS


* CUANDO DOY UNO, RECIBO CIEN. ( I.A.C. ) (53 años).

En abril del 2012 me invitaron a hacer un retiro de Emaús. Mi primera reacción fue decir que no. El último retiro lo había hecho cuando tenía 16 años y ya estaba sobrado de esas cosas. Pero como la persona que me invitaba goza de mi confianza, al final accedí. Así que cerré mi maleta y abrí mi mente y mi corazón, dispuesto a dejarme hacer, sin prejuicios.

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Confieso que llegué confuso y con miedo por todo lo que había oído sobre él. Sabía que algo iba a pasar. Fue como montar en el tren de la bruja, esperando cuándo vendría el escobazo. Era el tercer retiro en España y nadie me había dicho nada sobre lo que pasaba en el retiro. Mejor así. Cuando el viernes me fui a la cama estaba más confuso que cuando llegué. Solo pensaba: “ya queda menos para que esto termine”.
Pero cuando finalicé el retiro salí convencido de una cosa. Dios me amaba. Yo era importante para Él. Di un repaso a mi vida y descubrí que Dios siempre había estado a mi lado cuidándome, esperándome a que me volviera a Él para abrazarme. La llama que prendió entonces en mí sigue ardiendo con fuerza y procuro mantenerla siempre viva, sin separarme de la fuente del calor. Si tuviera que definir estos retiros con siete palabras diría que “son una experiencia del amor de Dios”.

Al llegar a casa, mi alma rebosaba de gratitud y por eso, como dice la canción, me hice la pregunta de “¿cómo podré agradecer tanta bendición?” Así que, además de “levantando mis manos Señor y proclamando que Tú eres Dios”, me dije: tengo que hacer algo por mi prójimo. Y pensé que la mejor manera de transmitir ese amor que recibí gratis era realizar algún servicio por los demás.

Considero que el servicio a los demás es lo mejor que podemos presentar al Señor cuando lleguemos ante Su presencia. El Señor me ha regalado durante estos últimos años muchas ocasiones para ello, por las cuales no paro de darle gracias. Entre otras cosas, he colaborado en varios retiros de Emaús haciendo de servidor e incluso dando testimonio en público (cuantos nervios he pasado). También he tenido la suerte de ser voluntario en el economato de Cáritas (Cáritas Multiplica), ayudando a los más necesitados a satisfacer sus necesidades básicas de alimentación.

Dentro de la parroquia procuro estar disponible y atento a cuantas necesidades puedan surgir y en las que yo pueda echar una mano. Aunque mi vida no  ha cambiado mucho,  la actitud ante la forma de afrontar la vida y la atención a mi prójimo, han conseguido que sea mucho más feliz que antes y esto también ha redundado en beneficio de los que me rodean.

Cuando conoces a Cristo, ya nada es igual.


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* LO MÍO NO ES PARA MÍ, SI NO PARA TODOS. (Mª PILAR A.G. 45. AÑOS)

Mi retiro de Emaús fue el primero en el que ya caminamos algunas mujeres de San Germán, era enero de 2.011.

Este dato, que puede parecer baladí, no lo es, porque se tradujo en:
Acudir a ciegas, sin más referencia que la de la persona que me invitó.
Aislarme un fin de semana entero en ese contexto absolutamente desconocido.
Un equipo de organizadoras (servidoras) también desconocidas y desplazadas desde diferentes puntos de América.

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¿Consecuencia? Salí del retiro repitiéndome que aquello no era para mí y repleta de juicios contra aquella “panda de locas”, cuando lo que realmente pasaba en mi interior era había hecho tambalearse la estructura de todas mis falsas seguridades:

¡Dios bendiga a aquellas «locas» que cruzaron el Atlántico para mostrarme que es bueno abrir el corazón a Dios y a los demás! En eso se resume mi experiencia: fue dejar caer las costras de las heridas que recubrían mi corazón como una coraza que lo hacía impermeable a todo y a todos, para que Dios pudiera moverse libremente en él. Para que pudiera entrar a dar vida en lo muerto y salir a hacer lo mismo con los que me rodean. Porque al vivirlo así, entendí que no es mío y para mí, sino para todos.


Aprendí a amar a la Iglesia, de la que me había ausentado mucho tiempo, como el hogar común, como la posada necesaria para descansar y en la que crecer seguro y acompañado. Una Iglesia que nos invita a salir enviados a entregar a otros el tesoro que, como una madre, pone en tus manos, con la esperanza de que puedas traer hasta ella a tantos que, quizá sin siquiera saberlo, necesitan cobijarse en ella y sentir su abrazo.


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* MI CORAZÓN CERRADO ERA MI PROPIA CÁRCEL. (Juan S. López) (60 años).

Aunque tuve una educación católica, nunca sentí de verdad la presencia de Cristo en mi vida. Con la llegada de la adolescencia, la juventud y los nuevos vientos de libertad de los años 70 y 80, la poca fe de mi infancia, se difuminó completamente.

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Tuvieron que pasar 50 años de total alejamiento para que, de pronto, por sorpresa, sintiera la mano de Cristo sobre mi hombro. Él siempre estuvo, está ahí, nos llama de forma discreta, y nos deja libertad para que le permitamos entrar en nuestra vida, o le dejemos esperando, pacientemente, en el quicio de la puerta.

Doy gracias infinitas porque se me permitió oír, escuchar la llamada, dejarme pensar que nada perdería por asistir a aquel retiro del que no tenía información alguna. Tan sólo sabía que lo impartía gente laica, como tú o como yo; que solo había que escuchar, y que duraba un fin de semana…


No caí de forma estrepitosa del caballo cuando iba a «mi Damasco». Fue un cambio lento, progresivo y profundo, que fue modificando drástica y beneficiosamente mi actitud y la percepción de los acontecimientos que nos encontramos en la vida. Me sentí ligero, confiado, sanado, sin lastres. 


Abrir aquella puerta de mi corazón me liberó de mi propia cárcel.


Los que hicimos el retiro, tenemos la tranquilad y la seguridad que proporciona saber que vamos por «el buen camino», el único que conduce a la Verdad y la Vida. Exultantes como estamos, no tenemos más remedio que no ser egoístas y animar a que nuestros semejantes puedan experimentar también esta alegría, esta Paz, con mayúsculas, que sólo Cristo te puede dar.


Desde estas líneas os invito a recoger el premio de un boleto que ya tenéis premiado y ha sido gratuito, un verdadero y sorpresivo regalo. Yo encontraría tiempo para venir a buscar la recompensa.



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*¿“CUMPLIR” O DESCANSAR? Paulina S. (30 años)

La mayoría de nosotros vivimos “montados en el carro del mundo” y muchas veces sin enterarnos siquiera cómo y cuándo llegamos ahí, pero asumimos todo lo que “hay que hacer” mirando a nuestro alrededor y aprendiendo. La vorágine, las prisas, las expectativas, los objetivos laborales, las cuentas… y nos sumergimos en esa locura. Intentamos llegar a todo, ser buena estudiante, hija, hermana, amiga, empleada, esposa, madre… y nos olvidamos de Dios.

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Y entonces todo se convierte en una carrera donde la meta es complacer a todos en todo momento y hacer lo que se espera de nosotros; pero… ¿ y si te dijeran que hay Alguien que no tiene semejantes expectativas, que no te quiere “solo si… “ sino que está deseando que descanses en Él? Pero creemos que no tenemos tiempo para descansar…

El retiro de Emaús me enseñó a descansar. Descansar en Él. Descansar de “tener que ser” y descansar de querer tener todo bajo control y pensar y actuar como si todo dependiera de mí.
Un descanso en Dios donde aprendes a confiar, a soltar, a pedir con humildad, pero sabiendo que Él sabe lo que más te conviene y por tanto a tener paz.


Pensar que todo depende de nosotros es agotador; y después de Emaús, el mundo sigue, el tiempo sigue corriendo y el entorno sigue exigiendo, pero se vive de una manera muy diferente pues te sabes amada por quién eres, no por lo que consigues, y porque el descanso de saberte como una niña cogida de Su mano te ayuda a levantar la mirada de tus cosas para, dejando de mirar al suelo, empezar a mirar a los demás. Y empiezas a comprender que, si tú eres amada a pesar de tu actitud y tus errores, todos lo somos.


Y de saberte amada empiezas a aprender a amar…


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*UN INCREÍBLE REGALO PARA CUALQUIERA QUE SE ANIME A ACEPTARLO. (Antonio Garrigues Miranda. 46 años)

Para mí el “Camino de Emaús” fue un encuentro con Cristo. Significó entender que Él ha estado y está a tu lado. Somos nosotros los que con los problemas que tenemos a diario no nos detenemos a reconocerlo.

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Para mí el “Retiro de Emaús” significó descubrir y encontrarme a mucha gente buena y generosa. Gente que lo ha pasado realmente mal y, aun así, son capaces de entregarte el cien por cien, por ti, sin conocerte, sin esperar nada a cambio. Gente en la que puedes confiar desde ese momento porque sabes que no te fallaran. Personas de la que te haces amigo en lo personal y en lo espiritual para siempre.

Para mí el “Retiro de Emaús” es algo que cualquier persona debería hacer sea de la condición que sea, de la clase social, de la religión que tenga. Incluso para aquellos que en nada creen.

El “Camino de Emaús” Es un REGALO que se debe aceptar sin pensárselo mucho. Debes confiar en el que te lo ofrece o regala. Yo animo a que todo el mundo lo haga. El Retiro no te resolverá tus problemas. El mundo seguirá igual una vez vuelvas a salir fuera. Pero lo que si tengo claro es que algo, o muchas cosas en ti, si habrán cambiado y por lo tanto esos problemas que antes tenías podrás afrontarlos de otra manera muy distinta y consoladora.

¡Anímate y hazlo!


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* NO SÉ BIEN PORQUÉ, PERO ALLÍ ESTABA. (Alicia Pajares.)

Hace algo mas de tres años que conocí la existencia de esta Parroquia, cuando de forma totalmente fortuita me vi caminando un fin de semana en el Retiro de Emaus, de los que San German fue pionera en España. Era y soy creyente y practicaba, más o menos, la religión pero nunca había estado en retiros espirituales. En esos momentos familia y largas jornadas de trabajo absorbían mi día a día.

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No sé bien porqué, pero allí estaba, con cierta reticencia el viernes y pensando “no sé qué hago yo aquí” sin embargo el Señor sí lo sabía, sabía que necesitaba sentirlo vivo, sentir su abrazo y vaya si me abrazó, pude sentir su Amor y cómo estaba junto a mi.

Y de saberte amada empiezas a aprender a amar…

Después de la experiencia de ese fin de semana, mi vida siguió siendo la misma, pero mi forma de enfrentarme a ella cambió progresivamente, una enorme paz interior me ha ido acompañando para hacer frente a las adversidades que tenemos todos cada día y relativizar conflictos que antes me hubieran parecido murallas.

Sentir que eres preciosa para Dios, que El te quiere siempre, pase lo que pase, te hace conocer la verdadera felicidad, la que no te dan los éxitos efímeros por los que tanto nos agobiamos.

Desde ese momento, la Eucaristía, la Palabra de Dios y la oración han ido teniendo mayor peso en mi vida, porque he encontrado su verdadero sentido y las siento como algo vivo, necesito de ellas.

Doy muchas gracias por ese fin de semana que cambió mi vida y puso a Dios en el centro de ella, sabiendo que todo lo hacemos por Amor a Dios y Amor de Dios.


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*DE DIOS JUSTICIERO A DIOS AMOROSO. (S.R.C. 53 años)

El Evangelio del pasaje de Emaús para mí era una lectura que escuchaba en misa alguna vez y que no le había prestado mucha atención, algo de dos caminantes y poco más…

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Pues resultó que mi paso por Emaús cambió mi vida en un fin de semana, y yo sin enterarme. En el retiro percibes algo diferente que te acerca a Dios, es una experiencia que nunca había tenido y que me hizo preguntarme muchas cosas. Hizo cambiar mi pensamiento de un Dios Justiciero a un Dios de amor, un Dios asequible, alguien en quien confiar. El resultado es una nueva forma de acercarme a la iglesia por voluntad propia. Creo que el retiro de Emaús es un regalo, si tienes la oportunidad, no debes rechazarlo.

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*ARRIESGUÉ NADA Y LO GANÉ TODO EN AQUEL FIN DE SEMANA. (Mª José. 47 años)

El viernes 4 de octubre de 2019, yo era una mujer adulta, profesional, atea profundamente, racional y convencida de ello desde que tenía uso de razón, casada por la iglesia porque en aquella época era lo que tocaba, y madre de dos hijos de 17 y 15 años por entonces, bautizados y con la primera comunión hecha porque su padre lo veía oportuno y conveniente y acordamos que él se encargaba de todo. Yo sólo tendría que ir a la ceremonia como quien dice……….

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El Domingo 6 de octubre yo era la misma, con la misma buena, mala o regular vida que el viernes anterior, pero ahora SABÍA Y SENTÍA que Dios estaba conmigo incluso durante esos años en los que yo lo negaba. ¿Recomendar Emaús? TOTAL Y ABSOLUTAMENTE.


Soy andaluza por lo que además de educación religiosa en colegio de monjas de los 4 a los 18 años, mi entorno social, familiar e incluso profesional, es profundamente cofrade, o profundamente rociero, o profundamente devoto de alguna advocación particular y seguramente mariana o ambas. Me jactaba de conocer sobradamente el paño, y pensaba que todo aquello era muy grande para ellos, pero muy friki para mí. Personalmente no me parecía honesto ni respetuoso participar de la fiesta y no creer en su parte religiosa que debía tenerla. Para ellos claro. Para mi todo era mayormente fanfarria socio-cultural.


Por circunstancias que no vienen al caso, mi marido hizo Emaús, y tras ello solo me dijo, “No puedo contarte nada, pero solo te pido que lo hagas”. Eso fue en mayo de 2019 y hasta octubre, mi marido que era creyente pero muy a su manera, había cambiado de algún modo a mejor, no sabía exactamente como o en qué. Pero “era” mejor. Cuando yo le preguntaba si su cambio se debía a Emaús, muerta de curiosidad en el fondo, solo me repetía, “No puedo contarte nada, pero solo te pido que lo hagas”.


Poco antes de entrar, ante mis dudas cada vez mayores, porque todo eso de rezar, cantar, adorar y demás fanfarria, de verdad que no era para mí, tan racional, tan normal, ……mi marido a veces añadía, “ya que has decido entrar, te pido un favor, que te quedes hasta el final. Por mí, por nosotros.” Finalmente, por nosotros, y en el fondo por MI entré. Lo peor que iba a pasar era un fin de semana sin móvil, trabajo, hijos, reuniones, plazos, marido, reloj,…..nada malo iban a enseñarme, y siempre podía ser para mi un respiro tipo meditación personal. Mindfulness lo llaman.


Cuando mi marido salió de su Emaús el domingo, públicamente dijo que me comunicaba que éramos tres en nuestro matrimonio. Él, y yo como siempre, pero ahora también Dios. Personalmente pensé, “vaaaaale………ahora querrá ir a misa todos los domingos¡¡¡¡¡ “ Cuando salí yo el 6 de octubre, unos meses después, mi marido no daba crédito cuando era yo quien públicamente declaraba que aceptaba encantada ser tres en nuestro matrimonio.
Más de un año después de mi Camino por Emaús solo tengo agradecimientos para algo de lo que yo personalmente me reía en el fondo, con mucho respeto y de puertas adentro y todo lo que quisiera añadir entonces, pero me reía profundamente de ello y especialmente de los frikis que rezaban, iban a misa, hablaban de Dios…


Cuando miro hacia atrás, antes y después de Emaús mi vida es igual más o menos, mi casa, mi trabajo, mi familia, lo bueno, lo malo, lo chungo de verdad y lo bueno visto de algún modo, o sin que haya manera de verle ese lado bueno, pero ahora SÉ Y SIENTO que somos tres en este camino que a veces tiene piedras y otras escaleras mecánicas, a veces ascensor pero algunos tramos por lo visto toca subirlos andando… La buena noticia es que ahora sabemos que Él camina con nosotros entre tanto ascensor y tantas piedras y barrancos.

Realmente, en los momentos en los somos plenamente conscientes de ello, de que caminamos los tres al unísono, somos realmente felices con lo mismo chungo, bueno, malo, o regular, pero juntos, los tres.


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*»SI PUDIESE, LO HARÍA CADA FIN DE SEMANA». (Mariano Díaz)

Asistí a los retiros de Emaús muy escéptico porque apenas sabía en qué consistían. Y agradezco que se mantenga ese factor sorpresa más que nada porque así uno no va con prejuicios y tomé la actitud, una vez allí, de “dejarme sorprender”. Estuve a la expectativa de lo que iba a acontecer y con la disposición de disfrutarlo y la oportunidad que me brindaba conocer a gente nueva.

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No, tampoco te lo voy a contar yo, porque lo bueno de estos retiros es vivir una experiencia personal y es cada uno quien debe asimilar lo que allí pasa, experimentarlo.

 Se lo recomiendo a todo el mundo independientemente de cómo estés en tu vida, si buscas algo como si no, el retiro no defrauda. Además, tiene un factor vital y es que las personas que lo organizan ponen mucho tiempo, trabajo y dedicación en el mismo y no hablo solo de voluntariedad sino del cariño con que te reciben y te cuidan durante el retiro.

Desde luego, Emaús a mí me ha cambiado mucho y para bien. Tengo una vida mucho más plena, soy más consciente de las distintas realidades de mi vida, como mi trabajo, mi familia, mis amistades y el mundo que me rodea y lo contemplo desde otra perspectiva que a mí me ayuda mucho más a crecer y desarrollarme como persona.

Sí, Emaús te cambia la vida, pero para bien. Nada tienes que perder por asistir a un retiro y me daría mucha lástima que fueras con la idea de que es un retiro más o que puede ser una pérdida del fin de semana que lo puedo aprovechar para otras cosas. Emaús no es un retiro al uso, entre otras cosas sorprende por eso.

Quizás es por las ideas preconcebidas de cada uno y no tiene…nada que ver. Lo haría cada fin de semana si pudiese. Es más, si pudiera iría a todos los que pudiese ayudando a prepararlos porque es incluso mejor.

No, no puedo contarte nada, pero todo el que lo hace siente un profundo cambio en su vida y una alegría desbordante. Jamás he oído a nadie decir que le ha defraudado. Puedes salir del retiro más emocionado o menos, pero no defrauda, a nadie. Y no te preocupes por el no conocer a nadie, o a ver qué digo, porque todos van igual que tú, prácticamente sin saber muy bien en qué consiste.

 Ahora que lo veo desde otra perspectiva, creo que tampoco hace falta. Solo necesitas ir…y dejarte querer.

Emaús es un regalo


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* “TENGO SED….” ( Adela P. 67 años.)

Hace cuatro años que hice el retiro de Emaús. A una amiga mía le dijo un sacerdote que se apuntara , y muy decidida, y sin pensarlo la acompañe. Yo quería aprender y conocer los caminos de la vida, tener respuestas a tantas preguntas que había en mi corazón desde niña. ¿Porque Dios nos has puesto en una familia, donde hemos tenido que vivir situaciones que nos han marcado en nuestra vida?, ¿la elección de la pareja a veces equivocada producto de nuestra infancia, la enfermedad, porque me ha tocado a mí?, y tantas preguntas sin resolver, también decirle a Dios, ¿Dónde estabas en esos momentos cuando más te necesitaba?

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En el retiro de Emaús, Jesús me hizo ver que todos llevamos una mochila muy cargada que empieza en la niñez con nuestros padres, hermanos, y después con las personas que hemos tenido que convivir que nos han hecho daño. Vamos llenándola  y sentimos que no podemos con ella  y la vida se puede volver muy obscura y con posos de tristeza  en el corazón.

La palabra” Tengo Sed “de Jesús en la Cruz, Teresa de Calcuta la entendió muy bien y nos enseñó lo importante de esta palabra. Descubrí su significado en un retiro de Emaús.  Jesús está en la puerta de nuestro corazón esperando que le abramos, tiene prisa por entrar, para curarnos de nuestras heridas, vaciar nuestra mochila y darnos la luz, para  después poderle ayudar en un mundo de tanta soledad y tristeza, pero  es muy respetuoso y no fuerza a nadie, espera pacientemente hasta que le dejemos entrar.

En Emaús vi también como se ayudan unos a otros cuando hay algún problema, una enfermedad, es como una gran familia. Me recordaba un poco a las primeras comunidades cristianas, esa hermandad que existía entre ellos y que ahora por desgracia hemos perdido.

Este es un camino que nos lleva a Jesús y a nuestro lado muy cerquita esta la Virgen, ella es nuestra guía, descubrirla es algo grande todo es más fácil. He experimentado  muchas veces cuando tenía problemas  y veía todo obscuro y no podía dormir, rezar una Ave María y al día siguiente recobraba las fuerzas  y la alegría.  He sido montañera durante muchos años  y he visto lo importante que es tener un buen guía, que nos lleve por rutas seguras,  avisarnos de los precipicios que hay en el camino, lo peligros cuando hay tormentas  y tantas cosas imprevistas que pueden suceder. Yo en el camino que me queda de vida he elegido como guía a la Virgen.


LA VIRGEN ES NUESTRA GUÍA EN EL CAMINO


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*»HUBO UN ANTES Y UN DESPUÉS». (José Antonio García. 59 años)

Fue allá por abril de 2013. Invitado por un familiar y tras haber negado una invitación de mi párroco en dos ocasiones el poder asistir antes. Sucedió algo indescriptible, recibí la alegría del resucitado. Me sirvió para que Cristo entrara en mi vida de una forma activa y supiera ver las cosas de otra manera diferente.

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Nací y me crie en el seno de una familia cristiana. Estudié en un colegio religioso. Pero mi Fe se fue diluyendo poco a poco. Vivía mi vida sin convicciones religiosas auténticas donde Cristo no tenía el sitio privilegiado dentro de mí como lo tiene ahora.

A partir de 2010 empecé a oír de unos Retiros llamados de Emaús que hacían mucho bien a las personas, pero pensaba, ¡esto no va conmigo! Fue mi actual esposa la que lo hizo primero.

Iba muy escéptico sin esperar nada a cambio. Pero en el discurrir del mismo fui sintiendo algo dentro de mí. Sentí como si alguien llamara a la puerta de mi corazón.

Tras el Retiro, recuperé unas oraciones (algunas olvidadas) con el sentimiento de las mismas. La palabra de Dios y la Eucaristía están siendo algo básico en mi día a día.

Ahora, aunque mi vida es la misma, la vivo de forma diferente porque Cristo está siempre presente. Soy más feliz.

Os ánimo a que acudáis un fin de semana a realizar el Retiro de Emaús. Es posible un gran encuentro inesperado en cualquier momento con Alguien muy importante que os puede cambiar la vida.


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* “TODO ESTO, ANTES DE HACER EL RETIRO DE EMAÚS, ERA IMPENSABLE” (Chus. 57 años).

Viví muchos años apartada de Dios, no queriendo saber nada de Él ni de la Iglesia, en un mundo sin luz y vacía. Fue a partir de los 45 años cuando sentí la necesidad de dar un sentido a mí vida y comencé a rezar alguna vez y asistir a Misa esporádicamente. Empecé a encontrar paz en mi alma, quería conocer todo lo que me acercase a Dios y adquirir formación, porque también carecía de ello.

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Un día escuché a mi párroco hablar del Retiro de Emaús y como estaba en plena búsqueda decidí hacerlo. Iba con curiosidad, pero sin saber nada de lo que se hacía allí, como llevaba poco tiempo yendo a la parroquia tampoco conocía a casi nadie. Más tarde pude entender que Dios me había llevado ese fin de semana porque quería que tuviese un encuentro con Él y que de una vez por todas cambiase mi manera de vivir, tenía mucha necesidad de ordenar mi vida y sólo Él podía hacerlo. Me doy cuenta de todo lo que me he perdido porque con Dios todo acaba bien y llevaba demasiados años buscando…

Fue un fin de semana de sentimientos muy intensos, me sentí querida de una forma preciosa y especial, reí, me emocioné y conocí a personas que con gran generosidad trasmitían felicidad a pesar de no haber tenido una vida fácil, y yo también necesitaba eso. Sólo tuve que dejarme llevar y abandonarme.

Ese fin de semana dio sentido a muchas cosas ocurridas en mi vida, yo nunca había estado sola porque Él había estado conmigo siempre, esperando que le dejase entrar en mi corazón, en mi alma, pero yo estaba ocupada en otras cosas que me hacían daño y no me dejaban aceptarme como era. Pero Cristo me invitaba a que recorriésemos juntos el camino hacia el Cielo.

 Conocí mujeres estupendas que después de ese fin de semana se han convertido en mi familia.  Esta parte humana también ha sido muy importante para mí, he conocido una comunidad formada por mujeres con las que a veces comparto más que con mi propia familia.

Mi camino ha sido lento pero seguro, sigo teniendo problemas en mi vida como todo el mundo, pero los afronto de otra manera porque sé que no estoy sola, Dios me acompaña, ha curado mis múltiples heridas, me ha devuelto la autoestima, siento que me quiere con todos mis defectos, he aprendido a rezar, a escucharle, tengo la necesidad de confesarme, de comulgar, de hablar con un sacerdote… para mí todo esto antes de hacer Emaús era impensable. He aprendido a preocuparme de los demás de corazón, a rezar por ellos e intentar ponerme en su piel para saber qué sienten y ayudarles.

Me siento una afortunada porque Dios me perdonó mis pecados y me enseñó a perdonarme a mí misma, puso luz en tanto desconcierto.

Este retiro es muy especial y animo a que todo el mundo lo haga con independencia de su situación espiritual porque de vez en cuando debemos parar este ritmo de vida frenético, en una sociedad que los valores a veces se tambalean y apostar por recogernos un fin de semana para dejarnos abrazar y sorprender. Le doy gracias a Dios por haberme iluminado el día que escuché hablar del Retiro de Emaús, para no dudar y por fin, darle mi sí al Señor.


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*»EL GRAN REGALO QUE TUVE HAY QUE VIVIRLO PARA COMPRENDERLO» (Ignacio Izquierdo. 53 años.)

Acepté la invitación de aquél retiro sin pensármelo mucho pese al venir de alguien a quien no conocía, pero consciente de la gran amistad que unía a nuestros padres desde tiempos antiguos. No había mejor carta de presentación. Mi entusiasmo por hacer aquél retiro era similar al que experimentamos cuando íbamos de excursión con el colegio.

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Ya me había iniciado en la meditación contemplativa cristiana recién cumplidos los cincuenta y estaba en un camino espiritual de acercamiento hacia Dios, cuando pensaba que mi vida, más o menos, ya estaba escrita. Nada más lejos de la realidad.
Desde la llegada ya noté en la persona que me recibió, y llevó las maletas a la habitación, un acogimiento difícil de expresar con palabras. Después una gran recepción con gente nueva dispuestas a hacerte feliz durante el fin de semana que por todo lo vivido hacen que fuera inolvidable.
Una vez más no soy capaz de relatar la plenitud sentida en todos y cada uno de los momentos que pasamos en un ambiente fraternal y notando un espíritu que provocaba esa sensación de que todo estaba bien. Sabía que mi familia pese a ser lo más importante en mi vida estaba contenta con que yo fuera allí para al volver ser mejor esposo y mejor padre. La sensación de comunidad estaba presente en el desayuno, en los grupos y en la asamblea. Una vez más “lo inesperado si bueno dos veces bueno”. Un asombro que no paraba de notar en todo lo compartido y un sentimiento de no ser merecedor de ese gran regalo que me concedió la vida con aquél Retiro, del que difícilmente se puede hablar de no haber participado y del que decir que el balance fue muy positivo es quedarse bien corto.
Mi agradecimiento infinito desde aquí a todos y cada uno de quienes lo hicieron posible y mi deseo de que esa alegría sea experimentada por muchas más personas para que este mundo sea mejor.

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* MI ALMA SALIÓ LLENA DE ALEGRÍA. (Caroline Huberdeau. 34 años)

¿Cómo contarles de mi experiencia Emaús sin contar de lo que están a punto de vivir?.
Me gustaría tanto decirles las actividades que se realizan, como está estructurado el fin de semana para que viven esta experiencia increíble, pero les contare más bien lo que sentí a través este viaje para que puedan tomar sus propias decisiones.

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Para ponerles un poco en contexto, decir que fui bautizada, porque bueno, de bebé, tampoco me pidieron mi opinión jajajaja, y toda mi familia es católica, pero mis padres no son practicantes y no tuve educación religiosa. Eso sí, creo en Dios. Creo que Dios está aquí para enviarnos señales en nuestras vidas, para tomar las buenas decisiones y afrontar momentos difíciles, pero también para poner en nuestros caminos personas que pueden cambiarlas. No soy de estas personas que va a la iglesia los domingos, ni que reza en mi casa, pero mi relación con Dios lo llevo a mi manera y les digo que este retiro me llevó después a confesarme por primera vez. Me ha hecho pensar mucho en mi vida, mi familia, mis seres queridos y en cómo ser una mejor versión de mí.

Creo que el día a día nos come, y este retiro permite tomar un tiempo para reflexionar en lo que realmente nos importa, nos hace felices y quien queremos ser.

Mi mejor amiga me llevó a este retiro pensando que no iba a durar ni siquiera un día, y solo les puedo decir que salí con el alma llena de alegría; como en una burbuja de felicidad. Todo también gracias al gran equipo que les acompañará en esta experiencia.

Cada uno puede tener dudas sobre lo que pasará, si le va a gustar o no, pero de verdad es una de las mejores experiencias que he probado, y si pudiera, ¡lo viviría una segunda vez!

Aunque a veces me extravío, ahora tengo la certeza de que Jesucristo Resucitado está entre nosotros, que me acompaña y orienta de forma eficaz cuando acudo a Él y le trato en los sacramentos.

Hay muchas formas, sin duda, en las que el Señor se presenta y puede cambiar la vida de una persona. El retiro de Emaús es una de ellas.

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*DE LA OSCURIDAD A LA LUZ. (L.G.P. 42 años.)

Hola! yo suelo presentarme así:
Mi nombre es Luis, y soy alcohólico. El Retiro de Emaús para mí es :
lo que éramos, lo que nos aconteció y como somos ahora…

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He ganado una FAMILIA y un porrón de AMIGOS, y, lo más importante, he tenido un encuentro personal con Diós, encuentro sanador, vivificante.

Antes tenía una Amargura en mí corazón que no me permitía Vivir ni descansar, incluso llegué a pensar en acabar con mí vida y esa Amargura pasó a ser «Amarcura», así que te invito a abrir los oídos de tu corazón y escuchar el susurro que viene del cielo.

Yo lo hice, y uno que se quería morir, a cuántos ayuda a sobrevivir, y todo por la Gracia de Diós, pues es Él quien lo hizo y lo sigue haciendo . Ánimo!

Mi Oración Contigo.

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* MI VIDA FUE CAMBIANDO CON EL PASAR DE LAS HORAS. (Elena Galán. años)

En el año 2011, mi hermana pequeña, a la que le saco 20 años, nos comentó a la familia, que por indicación de unas amigas del colegio y de la carrera, se iba a ir un fin de semana a hacer un retiro que no sabía de qué iba, pero que sus amigas, a las que conocíamos toda la familia, le habían hablado muy bien de ello. Ellas lo habían hecho y estaban muy contentas. Al preguntar a mi hermana algo sobre ello, tanto mi cuñado, como mi madre y como yo, y al no sabernos contestar nada, porque no se podía contar nada, nos “mosqueó” mucho, y la convencimos para que no se fuera, porque aquello sonaba muy raro, tanto misterio y tenía que tener mucho cuidado donde se metía, pensando sobre todo en los dos niños pequeños que tenía.

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Así que pocos días antes de irse, finalmente desistió aunque de muy de mala gana y eso nos dejó a toda la familia tranquila. Ella conocía perfectamente a sus amigas, eran también madres de familia jóvenes y no les había notado nada raro. Todo lo contrario, estaban mucho más contentas y felices que antes. ¿Qué podía ser? Y de aquello nunca más se volvió a hablar. Pasados unos meses, un día recibo una llamada de mi hermana y me dice que esta vez está totalmente decidida a hacer ese retiro y que nos invitaba a mi madre y a mí a ir con ella.

Ya nos había inscrito y lo había pagado y no podíamos decirle que no. Me quedé un poco pensativa pero poco a poco, la idea de pasar un fin de semana en una especie de hotel y dormir las 3 juntas en una habitación me pareció una idea divertida y apetecible después de tantos años viviendo cada una en su casa y empecé a pensar en las tertulias que podríamos

tener las 3 después de cenar y cada vez que tuviéramos tiempo libre… incluso podríamos llevarnos un parchís para no aburrirnos. Sí, me apetecía esa idea del fin de semana de chicas.

Además, al ir las tres juntas nos protegeríamos las unas a las otras para que no “nos comieran el coco” e intentaran vendernos alguna cosa rara.

Pero yo, a partir de ese momento empecé a investigar y buscar “eso” de los retiros de Emaús. No encontraba nada, nadie sabía nada, incluso un sacerdote amigo de la familia tampoco me supo decir nada, pero me tranquilizó un poco al decirme que si estaba organizado por una parroquia no podría ser malo. Yo, la palabra Emaús, no la había escuchado nunca porque yo

Iba a misa todos los domingos, como mandaba la Santa Madre Iglesia, pero la verdad, es que aprovechaba los momentos de lecturas y homilías para que mi mente volara “al súper” para recordar lo que debía comprar, o el próximo viaje que estaba preparando con mi marido y qué ropa debía llevar. Cuando veía que la gente se ponía de pie mi mente volvía al templo, y salía toda orgullosa de haber cumplido con mi deber de católica. Pero jamás había escuchado ese pasaje de la Biblia.

Y llegó el esperado día. Todas íbamos un poco nerviosas, pero yo iba totalmente segura de que llevaba puesta una coraza y que nadie me iba a convencer de nada ni me iban a “abducir”. ¡Menuda era yo de cabezota!! ¡Yo era de ideas fijas y nada ni nadie me las iba a cambiar ni iba a consentir que lo hicieran a mi madre o hermana!!!

Y llegamos al “hotel”. Por fuera no estaba mal, el entorno era bonito, creo que estaba cerca de Torrelodones y el paisaje que se veía desde allí me gustaba. Entramos nerviosas y tuve mi primera sorpresa. ¡Aquel hall estaba lleno de señoras como nosotras!!! ¡Incluso podrían ser amas de casa y madres de familia como nosotras! ¡Todas muy sonrientes y simpáticas y muy pendientes de nosotras desde el primer instante! ¡Sentí incluso un poco de vergüenza!!! ¿Por qué tenían tanta atención con nosotras?

Pero lo que me sorprendió mucho también es que no veía por ningún sitio ni a curas ni a monjas. ¡Qué raro! …y poco a poco, no sé por qué, me fui relajando. Solo veía señoras normales, unas que ya estaban allí y otras que iban llegando con cara de asustadas también, pero muy normales. Podían ser nuestras vecinas, nuestras amigas o compañeras de trabajo, y no se veía ningún “bicho raro”.

Y a partir de esa tarde, a medida que iban transcurriendo las horas, empezó a cambiar mi vida. Es como si yo hubiera tenido en toda mi existencia una cortina delante de mis ojos, y, sobre todo, de mi alma, que me había impedido ver que Jesucristo, de verdad, existía. ¡Que estaba allí a mi lado siempre! Qué existía el Amor, que existía la Esperanza, que existía la Fe y que existía el Perdón.

Esa losa que todos llevamos y que cuando lo ejercitamos de corazón, nos libera hasta hacernos casi volar de descanso y felicidad.

Llegó el domingo y yo, aunque tímidamente, seguía esperando a última hora alguna sorpresa que no me fuera a gustar. ¡Es que no me podía creer todo lo que estaba recibiendo de una manera totalmente gratuita!  ¿Quién era yo para merecer todo aquello? ¡Mi reencuentro con mi marido fue tan bonito! Parecía que habían pasado años y solo habían pasado 2 días, pero yo ya nunca iba a ser igual. Mi vida era la misma, mis problemas los mismos, mis dudas o mis miedos…todo seguía ahí, pero la terapia de grupo que yo había recibido y el convencimiento de saber que Jesús estaba siempre a mi lado me iba hacer ver las cosas de una manera totalmente diferente. A partir de entonces comenzó un antes y un después en mi vida. Las primeras semanas parecía que levitaba, acudía a las reuniones y era como volver a aquél fin de semana. Yo pensaba que ese efecto, con el tiempo, me iría desapareciendo… Efectivamente, con el paso del tiempo, mis pies poco a poco, volvieron a posarse en el suelo. Esa sensación de ir como volando por la vida me fue desapareciendo, pero, sin embargo, mi amor por Jesús, mi necesidad de perdonar, de comprender mucho mejor a los que me rodean, de no tener miedo ante las adversidades y a saber afrontar los problemas y desgracias personales que he tenido últimamente en mi vida, han ido aumentando con el paso del tiempo. En una palabra, mi confianza en Dios y mi necesidad de estar cada día más cerca de Él ha ido aumentando con el paso del tiempo. Muchas veces me pregunto cómo hubiera podido afrontar mi vida sin ese regalo que me hizo mi hermana al llevarme a Emaús. Desde entonces no me canso de dar gracias a Dios por haberme llamado y haber hecho que mis oídos oyeran su llamada y, por supuesto, tampoco me canso de darle las gracias por haber puesto en mi vida a todo ese grupo de familia que son las servidoras y caminantes que he conocido en los retiros en estos casi 10 años y que son para mí un auténtico ejemplo de amor, humildad, generosidad, discreción, trabajo, sacrificio y que sé que en los momentos en que yo las necesite, van a estar a mi lado de una manera incondicional.
Por eso no dejaré nunca de decirle al Señor: GRACIAS, GRACIAS, GRACIAS, DIOS MIO!!!

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*VENID A EMAÚS Y VEDLO VOSOTROS MISMOS. (A. Crespo. 54 años)

El Retiro de Emaús cambió mi vida de Fe, pues no hay Fe si no tienes un encuentro personal e íntimo con Cristo, y doy fe que allí se tiene.

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No es que lo recomiende, es que creo que es necesario para todo aquel que esté en búsqueda o esté perdido, o simplemente que necesite de una experiencia vital y humana como no habréis conocido otra.

El Retiro de Emaús o la misma religión católica, no te quita los problemas diarios, no te da la felicidad en sí misma, pero os aseguro que te da una paz para afrontarlos y un cambio de visión sobre la vida misma, que es de valor incalculable. Además de ser un viaje que resulta de lo más distraído, divertido, emocionante, y definitivamente revelador.

Quedáis todos invitados a un fin de semana inolvidable. Al menos para los miles de personas que ya han disfrutado de esta experiencia.

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*EL ESPÍRITU SANTO ES LUZ Y PAZ. (B.G.C.)

Cuando era pequeña me educaron en un Dios Padre que te estaba siempre mirando para castigarte y recompensarte. Jesucristo vino al mundo, mandado por Dios padre para que muriera y nos salvara. El Espíritu Santo una paloma que pasaba por ahí. Luego al final de mi adolescencia y en mi primera juventud lo único importante en el cristianismo era la justicia social, los curas-obreros, y la revolución. Jesucristo vino al mundo a liberar a los pobres.  El Padre ya no era castigador, había desaparecido y el Espíritu Santo seguía siendo una Paloma que pasaba por ahí.

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Entonces una amiga de mi infancia y mi hermana pequeña me dijeron que hiciera Emaús. Ya había agotado todas las excusas con mi amiga y empezaba a agotarlas con mi hermana. Tenía que ir en octubre, estupendo tenía pagado un viaje a Grecia justo en esas fechas. Entonces en abril, bueno, me apunto con una amiga y nos contestan que no quedaban plazas, fenómeno no es culpa mía. De pronto recibo otro correo, había habido un error y estaba admitida yo y mi amiga.

Lo mejor que Dios ha querido que me pase. Descubrí a un Dios Padre Misericordioso, bondadoso y que me quiere más que a nadie. Descubrí a un Jesucristo que vino al mundo para que a través de su pasión y Resurrección restableciéramos nuestra amistad con Dios, que se quedó con nosotros en la eucaristía y que se alimenta de amor. Descubrí que hay que ayudar a los demás porque son nuestros hermanos y Dios también los quiere más que a nadie. Y descubrí que el Espíritu Santo, si tú le dejas es luz, es paz y siempre saca lo mejor de ti y te inspira para que seas el mejor instrumento de Dios con todos tus hermanos.

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*SALÍ DE UN LETARGO ESPIRITUAL DE VEINTICINCO AÑOS. (Javier. R. 53 años)

Hasta mis 17 años viví una vida espiritual de crecimiento y llena de experiencias dentro de una familia y un colegio católico. Pero con la mayoría de edad las prioridades cambiaron y me abandoné…

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25 años después, una tarde de noviembre, tras la misa de cierre de un «Retiro de EFFETA», un ángel me dijo: «papá, tienes que hacer esto». No sé qué vi en su cara, pero no lo dudé ni un momento, me apunté al siguiente retiro y en la siguiente primavera estaba haciéndolo.

El retiro se convirtió en un despertar lento sobre una base sólida, aunque olvidada. En esta ocasión yo no controlaba nada, era Él quien marcaba el ritmo, es Él quien me hace aprender cada día, quién me marca los plazos, quién me embarca en ejercicios espirituales o nuevos retiros. Es Él y su madre María quiénes me enseñan a rezar y quiénes me hacen ver mi vida desde la perspectiva del servicio.

Sólo puedo dar gracias por haber encontrado a mi mejor Amigo y estoy seguro de que tú, que me lees, encontrarás también tu camino.

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*SE VE ACTUAR AL ESPÍRITU SANTO. (Amparo. 66 años).

Yo hice el Retiro de Emaús en 2010.  Llevaba 6 años separada y una amiga me habló de ese Retiro que se iba a hacer por primera vez en España.  Al instante me apunté, pero luego cuando se iba acercando la fecha, me daba cada vez más pereza, porque ninguna de mis amigas se apuntó y además iba a lo desconocido ya que decían que era un Retiro distinto. Pensaba, pero qué necesidad tengo de ir, si yo soy una persona creyente, que rezo y hablo con Dios todos los días. Y por otro lado me decía no puedo decir que no al Señor, siendo una obra Suya.

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Así que fui y tengo que decir que en el Retiro de Emaús se ve actuar al Espíritu Santo. Sí así es, y eso no suele pasar en el día a día, es algo que impacta y se ven muchas conversiones y eso es impresionante. Los testimonios que dan sobrecogen y se ve cómo en los sufrimientos y adversidades las personas encuentran al Señor. Es una experiencia única y enriquecedora.

A raíz del Retiro, empecé a darme cuenta del cambio, de la necesidad de ir a misa todos los días y de lo que no solía hacer, de rezar el Rosario a menudo. El Retiro me ayudó a ver la mano de Dios en mi vida, en las pequeñas cosas y en las grandes y también me enseñó a dejar todo lo que me sucede en las manos de Dios (como siempre decía mi madre y entonces yo no lo entendía) El Retiro luego nos ofrece la posibilidad de vivir la Fe en Comunidad, que es primordial y muy necesario para la vida del creyente.  Compartir la Fe te hace crecer en ella y el ejemplo de los demás con sus testimonios de vida, te van ayudando a ser mejor cristiano. Además, conoces a gente de una calidad humana poco común, que ya en sí es otro regalo del Señor.

Animo a todo el mundo a que haga el retiro de Emaús, no conozco a nadie que se haya arrepentido de ir y en cambio sí de lo agradecidos que salen el último día.

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*YA NADA VUELVE A SER IGUAL. (Juan Carlos Torres-Dulce Ruíz. 54 años)
Para mí el Retiro de Emaús que hice por el ya lejano abril de 2014 supuso el volver a reencontrarme con Cristo después de muchos años apartado de la Fe y la Iglesia.
En el retiro de Emaús, por lo menos en mi caso y creo que también en el de la mayoría de los caminantes, llega gente castigada por los golpes que te va dando la vida y con muchos sinsabores y desengaños a la espalda.

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Desde el primer momento en que comienza el Retiro te vas dando cuenta que allí hay algo especial, no sabes muy bien que es, pero algo importante está sucediendo dentro de cada uno de nosotros.
El Retiro va avanzando poco a poco y lo que al principio era una actitud de desconfianza, cuando no de rechazo absoluto, se va transformando en algo que no sabes muy bien que es.
Nuestros corazones empiezan a sentir ese algo extraño que nos está sucediendo y que no sabes muy bien lo que es.
Llega el momento cumbre del Retiro y lo que era un suave “run run” dentro de cada uno de nosotros, se transforma en una especie de explosión interior.
Todo ha cambiado de repente. A partir de ahora ya nada va a ser igual.
Es, como alguien muy bien dijo, como si nos hubieran metido en una lavadora en un programa a máxima revolución de centrifugar.
Tu vida cambia a partir de entonces. Te das de bruces con el Señor. No hay forma de esquivarle.
Ahora comprendes que esa cosa extraña que notabas al comienzo del Retiro era ni más ni menos que la presencia viva de Cristo entre nosotros.
La vida te ha cambiado en un fin de semana.
Ya no eres el mismo.
La vida sigue con sus alegrías y con sus tristezas, pero tú ya la ves con otros ojos, que jamás habrías pensado que existían. Son los ojos que Cristo te ha enseñado a usar a partir de entonces.
Sigues siendo débil y tropezando una y mil veces a lo largo del camino, pero ya nada es igual que antes.
Cristo te ha enseñado en estos días a perdonarte a ti mismo y a perdonar y amar a los demás.
En definitiva, recomiendo la realización del Retiro de Emaús.
Tu vida va a cambiar por completo hasta límites que jamás podríamos haber sospechado cada uno de nosotros.

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*TODOS SE ALEGRAN DE HABERLO VIVIDO. (Mar S.H. 56 años)

Todo empieza porque tengo varias amigas que me insistían en ir un fin de semana a algo maravilloso que habían experimentado, y que no me explicaban exactamente de qué se trataba. Me daba mucha pereza, aunque son amigas intimas de las que me fiaba no encontraba ninguna necesidad para ir.
No obstante, después de insistirme varias veces, decidí ir finalmente, más porque mis amigas me lo recomendaban que por mi propio interés, decían que era un regalazo, que me iba a encantar, que solo me traería algo positivo…… y más cosas que no recuerdo.

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Cuando llegue estaba a la expectativa y quizás a la defensiva, pero cuando empecé a ver y oír…. me fui enganchando y sintiendo cada vez mejor, aunque un poco descolocada.

El fin de semana y la experiencia tengo que decir que mereció mucho la pena y por muchos motivos, tanto humanos como espirituales y desde luego sentí que había sido un privilegio, tanto fue así, que yo que me había casado hacía unos 6 meses tuve como objetivo llevar a mi marido, para que tuviera una experiencia tan bonita como la tuve yo. Y aunque me costó, lo conseguí y si bien por no mentir tardamos un tiempo en sentir que Emaús había obrado el milagro en nosotros, llego al cabo de unos meses y de ser solo una pareja, éramos un matrimonio con Dios en el Centro, cosa que une de una forma super bonita.

Además de esta experiencia con mi marido, se lo he aconsejado a otras personas y si es verdad que cada uno lo vive diferente internamente el denominador común es que todos se alegran de haberlo vivido.

¡¡¡¡¡Realmente es un regalo!!!!!

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*Y RESPONDÍ SIN MÁS QUE SÍ. (Enrique Piñel. 81 años)

En mi vida religiosa siempre me ha llamado mucho la atención el pasaje del Evangelio de San Lucas de los discípulos de Emaús, que da nombre a nuestro Retiro: lo que supone creer que toda la naturaleza y mensaje de Cristo no son verdad y abandonarlo; la dificultad que tiene volver a reconocer y entrar en contacto con Cristo; y la inmensa felicidad que ello supone.

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Yo no soy parroquiano de San Germán, pero vivo cerca y, por razones de tiempo, siempre   he   asistido   algún   domingo   a   misa   allí:   hace   nueve   años, cuando salía de la misa, se me acercaron dos personas preguntándome si quería participar en un retiro de EMAUS; sin duda esperando mis preguntas para   darme   las   aclaraciones   que   pidiera.   Sin   embargo, cuando   escuché   el nombre de EMAÚS, algo me vino a la cabeza y respondí sin más que sí, que me interesaba.

Rellené los documentos, pagué la cuota del retiro de primavera y no pude ir por una enfermedad familiar, pero me reservaron todo para el Retiro de otoño de   ese   año   y   desde   entonces   no   he   faltado   a   ninguno   de   los   dos   retiros anuales hasta el 2020, en el que se suspendió el retiro de primavera por el dichoso COVID – 19 y al de otoño, por esa misma causa, no me atreví a asistir personalmente – soy persona de riesgo porque tengo 81 años, en la mayor parte   de   los   retiros  he  sido   el   más   viejo – aunque  sí   he   intervenido telemáticamente.

La experiencia ha sido estupenda, esa estrecha cercanía con Cristo, que en los retiros consigues, te da una gran felicidad y, sobre todo, una gran facilidad para afrontar los problemas de tu vida que, de verdad, te parecen diferentes. 

En mi caso, especialmente, el gran problema de mi vida, la muerte hacer 17 años de mi mujer, con la que viví 30 años de matrimonio estupendos y con la que   he   conseguido   volver   a   tener   una   cercanía   espiritual   impresionante, permitiéndome cumplir la promesa matrimonial de que “prometo serte fiel en la salud y en la enfermedad todos los días de mi vida”; se dice de “mi vida” no de “tu vida” y, por eso, gracias a Emaús yo he   hecho mía   otra frase:” y si la enfermedad   es   tan   grave   que   llego   a   perderte   definitivamente, yo   seguiré siendo tuyo y tú seguirás formando parte de mi proyecto de vida”.

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*JAMÁS TE DEJARÁ INDIFERENTE. (Matilde L. 53 años).

En el año 2014 mi hermano, que no es una persona muy tajante, me dijo
– «Obligatorio que te apuntes a un retiro». Y me apunté.
Yo tenía 53 años y llevaba sin ir a la Iglesia desde los 13, además era muy crítica con la Iglesia.
Cuando se acercaba el momento de ir me daba una pereza horrible.
No sabía nada del retiro. Que no era para gente de Iglesia y que no lo impartían curas ni monjas.

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Pero, ¿qué pintaba yo ahí? Lo único bueno no te dejaban móvil, que, con el lío de vida, me venía muy bien. ¡Pero me podía ir a la playa y dejar el móvil en recepción!!!!.
En fin, fui, pero con el coche en la puerta para irme rápido, en cuanto no me convenciera.
La primera reacción fue asombro, que fue creciendo a lo largo del fin de semana.
¡Allí había gente muy buena!!! ¡Y estaban contentas!!!.
A medida que iba pasando el tiempo me iba dando la impresión de que Jesús estaba entre nosotros, realmente, cosa que yo no podía imaginar, ni creer, pero era verdad.
Mi camino iba en una dirección, muy equivocada, y en ese fin de semana cambió totalmente la dirección, empecé a ver la Luz.
Es una experiencia que creo que todos deberíamos tener, te puede emocionar o convertir, pero jamás te dejará indiferente.

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*YO SÓLO SÉ QUE ERA CIEGO Y AHORA VEO (Antonio Martín. 57años)

Ocho años después de haber hecho el retiro de Emaús, aún recuerdo nítidamente cómo dije Sí a una llamada, prácticamente anónima, que recibí tres días antes de comenzar el retiro, en la que Alguien me invitaba a realizarlo. Nunca había hecho un retiro espiritual, como buen y honesto agnóstico. Y aunque mi visión de la vida había ido variando notablemente en los últimos años, intuyendo que me estaba perdiendo, que no veía, buena parte de la realidad, tampoco un retiro espiritual era algo que me llamase particularmente.

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Sin embargo, acudir a ese retiro de Emaús cambió radicalmente mi vida, la transformó en Vida. Literal.

Los retiros de Emaús están siempre rodeados de un halo de misterio, de secreto. En buena parte es por confidencialidad con todo lo que en ellos se escucha, o por no desvelar alguna sorpresa o “cosas” que ocurren en ellos. Pero el principal motivo de ese misterio, es que nadie es capaz de expresar en palabras lo que ocurre en lo más profundo de su alma, en aquella parte en la que Dios habita en cada uno de nosotros. Y ese hecho, ese descubrir o recordar que tenemos a Dios con nosotros, es un regalo que Él nos hace en el retiro. Siempre. Y esto les ocurre a todas las personas que salen “tocadas”, y también a las que, aparentemente, el retiro “no les dice nada”. La experiencia del retiro no deja a nadie indiferente. Para mí, el retiro supuso un auténtico terremoto en todo mi ser. Reconocer a Cristo junto a mí durante toda la vida, en mi conciencia y en mi alma, me dejó, obviamente, “tocado”. Pero es que, hasta cosas del retiro (y de mi vida) que “no me habían dicho nada”, en los próximos meses, años, fueron tomando forma y sentido. En ello sigo.

Muchas veces pienso en el relato del Evangelio de Juan sobre el ciego de nacimiento, y me identifico tanto con él… Es el único ciego, de los que aparecen en los Evangelios, que no llama a Jesús para que le ayude; es Jesús el que toma la iniciativa y se acerca a él. Después de encontrarse con Jesús, no sabía explicar bien todo lo que le había ocurrido y sólo acertaba a decir “yo sólo sé que era ciego, y ahora veo”.

El camino de Emaús, la ida y la vuelta, es sencillamente el camino de nuestra vida.

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*EL “LÍO” MAS GRATIFICANTE QUE HE CONOCIDO. (Mamen Rodríguez. 45 años)

Ojalá tuviera la inspiración suficiente para convencerte, ojalá fuera capaz de crear en ti al menos la curiosidad para animarte a probar, ojalá dejaras atrás todos los prejuicios y dieras a Jesús una oportunidad.

Hace ya diez años que hice el retiro de Emaús y no me he apartado del camino. No es un camino fácil, con el tiempo voy descubriendo lo exigente que resulta, siempre hay algo que mejorar de uno mismo y muchas cosas por hacer.

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Una vez que has reconocido a Jesús, algo te obliga a llevarlo siempre contigo. No es fácil descubrir qué es lo que Él quiere de mí. Lo que sí está claro es que tenemos que convertirnos en actores activos, sin exigencias ni coacciones, eso sí, pero obligados a tratar a los demás de la misma forma que Él nos trata. Mirar sin criticar, escuchar sin juzgar, dejar de ver inferiores a los demás, hay tantas cosas por hacer… Cada vez va pidiendo un poquito más de todos nosotros. “Porque como el cuerpo sin espíritu está muerto, así también la fe sin obras está muerta”. Lo que nos va a salvar no es la fe, son nuestras obras. No sólo nos salvamos los católicos. Lo que a mí me ocurre es que caminar al lado de Jesús me obliga a intentar ser un poco mejor cada día, con la tranquilidad añadida de que cuando tropiece me dará la mano para volver a empezar. Cuanto más demos de nosotros mismos más opciones tendremos de lograr la felicidad. Me atrevería a decir que es el camino para conseguir la salvación también aquí en la Tierra.

No quisiera asustaros o que pensarais que menudo lío, que mejor no complicarse la vida. Es el lío más gratificante que he conocido. El ser humano siempre ha buscado la espiritualidad. La diferencia yo creo que no está entre creyentes y no creyentes, sino entre buscadores y no buscadores. Hay que huir de la indiferencia, es como el que no se molesta en meter la llave en la cerradura a ver si abre. Busca y encontrarás. Porque en realidad no somos nosotros los que encontramos a Dios, sino que es Él el que nos encuentra a nosotros, pero es tan delicado, tan respetuoso que no nos insiste si no queremos buscarle. Descubrirle no depende de la razón y la mente sino del corazón y la voluntad. Solo podemos decir que sí, creer, recibir, abrir los puños (porque muchas veces estamos a la defensiva) y, sobre todo, abrir el corazón y dejarle entrar. Y cuando Él ha entrado todo cambia, te encantaría publicarlo a los siete vientos y te gustaría que todo el mundo sintiera lo que tu sientes.

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*SE ME MOSTRÓ TODO LO ERRADO QUE ESTABA. (Juan Pedro. 54 años.)

Después de mucho investigar, creía que todo esto era «más de lo mismo», y «que me van a contar que ya no sepa». Pero, sorpresa!, y de la buena. En el Reiro de Emaús, poco a poco, se me mostró lo errado que andaba. Un regalo a mi nombre que Jesús tenía para mí. Y sólo yo podía abrirlo.
Allí estaba lo que siempre anhelaba mi alma:
Tiene un regalo personal e intransferible para aquel que quiere abrirlo.
Déjate sorprender, y estaré agradecido toda mi vida. Gracias.

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UN SPÁ PARA EL ALMA (Herma Ehrlichová. años).

Tengo 46 años, viuda y con un hijo de 14 años. Fui criada en el seno de una familia no creyente, de madre católica no practicante y de padre judío no practicante. Hace 4 años emigre a este noble país. Soy venezolana y mi esposo origen español. Dadas las circunstancias de su muerte y las condiciones de mi país, me vine a empezar de cero. A los 6 meses entré a trabajar en una empresa de telecomunicaciones como Office Manager y luego pasé a ser Secretaria de Dirección del CEO, aquí comienza mi verdadero camino. 

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El, un hombre noble, respetuoso con una gran generosidad había hecho EMAÚS. Un día me pidió que le imprimiera algunas cosas, eran oraciones y yo me preguntaba porque rezaba tanto, no parecía normal y le pregunté por qué. Yo; ¿Por qué imprimes estas oraciones?

Mi Jefe: Porque me acercan más a Dios. Hace unos años hice el retiro de EMAUS y eso cambió mi vida. 

No podía entender cómo hacer un retiro podría cambiar la vida de un ser humano. Pasaron algunas semanas y me dijo un día.

Mi Jefe: ¿porque no haces EMAÚS? 

 Yo: ¿Yo? Yo nunca he hecho un retiro y no sé cómo es. 

Mi Jefe: Pues si no te hace un bien, tampoco te hará un mal, puedes verlo como un fin de semana para ti. 

Lo medite, lo consulte y me dije: «Bueno a lo mejor no es ni tan mala idea, a él le ha ido fenomenal». Me puse en ello, pero cuando me iba a inscribir ví cuánto costaba y le dije, «lo siento, no puedo hacerlo, no puedo pagarlo». 

Mi Jefe: No importa, yo cubriré todos tus gastos. 

Ahí pensé: Madre mía o esto es muy bueno o es muy malo. 
Desde EMAÚS, me indicaron que estaba en lista de espera y yo me dije; ¿de verdad?, ¿en lista de espera, para ir a un retiro? Flipé.! Tres días antes me llegó la confirmación de que estaba inscrita, sabía que mi jefe había tenido algo que ver, él había intercedido para que yo fuera, pero ¿por qué?  

Llegué al retiro, en marzo de 2019, sin tener ningún tipo de expectativas, sin saber cómo era y sin creer en nada, salvo en mí. Después de tres días empezó un camino en mi vida, con unos ojos diferentes. La vida tenía otro color, lo veía todo diferente, mi corta y bella familia, mi trabajo, mis oportunidades, mis problemas y los problemas de otros. El corazón me empezó a cambiar.
Ese fin de semana le puse rostro a Dios, empecé a conocerle y a establecer una relación con él. 

En EMAÚS, encontré una familia ENORME. Personas reales que me quieren, me aceptan y están a mi lado, sin yo dar nada a cambio, salvo un GRACIAS. Adoro a mis hermanas son mi familia. A través de EMAÚS, empecé a reconocer el valor de lo esencial, que en lo simple y en lo poco, es mucho lo que puedo encontrar. 

Gracias a EAMUS, estoy reconociendo mis miedos y aprendo día a día a entregarlos a Dios. Hoy, veo el dolor, la pérdida, los problemas económicos, los conflictos familiares de otra manera. Él, carga mi mochila por mí, lleva mis cruces por mí y yo lo dejo todo en sus manos. Hoy por hoy, sigo colaborando para ayudar en los retiros de EMAÚS, y en cada servicio intento regalar ese todo de lo mucho que me dieron durante esos fabulosos tres días. 

Estoy convencida de que mi llegada a España, no es una casualidad, que conocer a mi Jefe (mi hermano en Cristo, mi hermano del alma) no fue casual. Dios nos marca el camino y cuando le abrimos la puerta de nuestro corazón, entra siempre como invitado de honor. Él, nos ama con locura y jamás nos suelta de la mano, pase lo que pase. Hoy me siento un ser humano, más noble, una madre que aprende desde la dulzura a llevar de la mano a su pequeño gigante. Hoy ayudo a la parroquia en lo que me sea posible y doy catequesis a niños entre 11-13 años. 

Hoy doy gracias a Dios por su bondad, por haberme escogido para hacer EMAÚS y por quererme como la niña de sus ojos. Al que pregunta qué es EMAUS, les digo que es un «Spa para el Alma», te hacen un «lifting» con tanto amor, colocan ácido hialurónico a través de la oración y te renuevan con masajes para el alma…  

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*EMAÚS ME BUSCABA A MI. (Manuel Martínez. 72 años).
Fue un antes y un después en mi vida. Cuando el viaje parece que se acelera y, se acerca la última estación (o eso parece) cuando, además, de repente, pierdes lo que tenías de más valor, apareció como no, el amigo que te habla de Emaús y te invita a que hagas un retiro. Jamás fui a ninguno en mi vida, pero me dije: “nada puedo perder y si encuentro unas horas –o días- que me sirvan de evasión y, aminoren este sufrimiento…”

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Emaús no era lo que yo buscaba (extraña pretensión) Emaús me buscaba a mí. Lo supe desde las primeras horas. Me encontré con mi niñez, con mi fe, en definitiva, me encontré conmigo mismo. Supe lo que significaban tantas palabras de la Biblia que antes no entendía. Aprendí la diferencia entre pedir perdón y perdonar y, sobre todo, aprendí a querer a mis semejantes ¡qué gran experiencia! Creo que siendo el mismo, soy mejor. Gracias a un retiro de Emaús. Nadie debe conformarse con lo que oiga de Emaús, hay que vivirlo. Gracias a todos los que forman parte de tantos y tantos grupos de Emaús que están extendidos por toda España y el resto del mundo.

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TE ENCONTRÉ UNA TARDE EN EMAÚS (María J. F.V.).

Te encontré una tarde en Emaús. Ya te conocía, y sabía que estabas ahí, pero como muchos, me fui alejando de tu lado considerándome demasiado importante para que Tú formases parte de mi vida. Yo, huyendo. Tú, detrás, esperando con paciencia infinita a que te abriese la puerta de mi corazón para volver a entrar en él. ¡Yo soy autosuficiente! Tú esperas y sonríes.

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Pero en algún momento nuestras miradas se cruzaron ¡Bendita casualidad! (¿casualidad?) Mirarte y dejarme mirar por Ti. Sobre todo, dejar que Tú me “toques” y descubrir el sentido de mi existencia desde Tú Amor, en Tú Amor y por Tú Amor: Tú lo transformas todo.

Encontré en Ti, el Tu que me conoce, que jamás me dejará, que me ama incondicionalmente, aun cuando menos lo merezco y más lo necesito. Tú das sentido a cada día, a cada tristeza y angustia, me enseñas a darme a los demás, a reconocerme en mi prójimo, a amar desde mi pequeñez y egoísmo. Llenas mi vida con todo lo necesario para ser feliz y me muestras el camino que, si Tú me guías, es dichoso, fecundo y conduce al Padre a través de Ti.

Este es mi “Camino de Emaús” cotidiano: con frustraciones, pero son por Ti y las cargas Tú; con problemas, pero me elevas para ver más allá y aprender de mis errores; con tristezas y desilusiones, pero sé que me cuidas amorosamente, en cada instante, que estoy entre Tus manos, infinitamente amada. Cuando caigo, Tú me levantas, curas mis heridas, y si me alejo, aguardas mi regreso, me acoges, abrazas y acaricias mi alma lastimada: solo tengo que volver a Ti, ¡te necesito en mi vida! Soy mendigo de Ti, mi Cristo, todo lo espero de Ti, nada puedo sin Ti, ¡jamás he alcanzado mayor dignidad!

 ¿Has cambiado mi historia? ¡Radicalmente! Porque Tú me has dado nuevos ojos para ver: mi maravillosa existencia, el valor de cada ser que has puesto a mi lado, mi familia, mis amigos, todos los dones y gracias que adornan a las personas que me rodean. Me regalas Tu presencia en la Eucaristía, te ofreces de nuevo. ¡Y también es por mí! ¿Qué más puedo querer? Y solo me pides que no te abandone, que te sea fiel, anhelas que te amé con toda mi alma, mi corazón y mi mente, y yo no sé amar. Te doy una miserable parte de Tu entrega a mí. Y, aun así, Tú me buscas y deseas mi amor.  ¡Alabado seas por siempre mi Dios y Señor! ¡Gracias Mi Cristo!

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*¿Y ESE RETIRO SERÍA PARA MÍ?  (Miguel Ángel Gago. 57 años).
Durante un tiempo estuve pensando si animarme a hacerlo o dejarlo pasar.
Yo ya estaba un poco aburrido de hacer tantos retiros y tan variados, ya tenía en la mochila cargada seguramente más de una docena de ellos y aunque de todos sacas una experiencia, seguía con ese vacío, las preguntas sin respuestas, la necesidad de que fuera más palpable, menos teórico y este tenía ese matiz que lo estaba haciendo diferente, esa llamada a hacerlo, pude conocer a otros que lo habían hecho y les notaba muy cercanos sin que me conocieran de nada, así que pensé, ¿porque no?, vamos a ver qué pasa, total solo es un fin de semana.

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Y menudo fin de semana que pasé.  Llevaba un día y no quería que se acabara nunca, ya quería ser uno de ellos, estar allí, Dios me estaba mostrando realidades, cercanía, cariño, ya hacía años que le trataba, pero ahora era otra vez nuevo y más auténtico.
Te cambia, te llega muy dentro, pero sigues con tú libertad, nadie te pide nada, nadie te involucra en nada, pero bendita hermandad, aquí eres acogido.
Anímate y ven a conocer a Dios.

Un abrazo y que nuestro Señor te bendiga

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*TODO PASA POR ALGO. (Ana M.L. 32 años).
Tengo claro desde hace años que las casualidades no existen y que todo pasa para algo.

Llegué a Emaús sabiendo que no me iba a cambiar la vida, creyendo en Dios y habiendo tenido un encuentro con ÉL. Llegué con pereza de pasar un fin de semana metida en una casa, rodeada de mujeres y sin conocer a nadie.

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Pero confié y en esas 48 horas descansé. Estuve sentada en primera fila viendo como sucedían milagros. Uno tras otro. Unos más pequeños y otros increíbles. Comprobé una vez más que a Dios le importamos todos, que le da igual nuestro pasado, nuestro pecado. Pude ver como cada una de las que estábamos allí, sentíamos algo profundo. Pude ver cómo se iba llenando el vacío con el que muchas venían. Palpé la Providencia.

Salí anestesiada de tantas cosas vividas. Salí feliz de saber que Cristo no me abandona nunca y que le importo todo. Y después de salir, viví con más intensidad. Fui posando tanto sentimiento que brotó en ese fin de semana.

Llegué a casa feliz.

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*AUNQUE ERA ATEO, SENTÍ CURIOSIDAD EN AQUEL AVIÓN. (Antonio Quirós, 45 años).
Era noviembre de 2015, y en el avión de vuelta de un viaje de negocios, en medio de una conversación encontrada sobre religión con un compañero de trabajo, ante mi pregunta ¿cuál es el sentido del Bautismo?, el me respondió que en el Camino de Emaús encontraría la respuesta a esta pregunta y a muchas más, y que mi vida cambiaría radicalmente. Era la primera vez que oía ese nombre, y aunque yo era ateo, sólo por curiosidad le pregunté sobre aquel retiro.

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No obtuve ninguna respuesta puesto que me confesó que todo lo que allí pasaba era confidencial y además me comentó que sólo se podía hacer 1 vez en tu vida. Tengo que reconocer que todo aquello que me sonó muy raro, por lo que no le hice mucho caso y me olvidé rápidamente de aquella conversación.

En aquella época a nivel material parecía que mi vida era plena, sin embargo, sentía que me falta Algo; me sentía insatisfecho internamente, por eso estaba valorando hacer un retiro espiritual budista, ¡o incluso ingresar en la Masonería… ¡estaba perdido!

En octubre de 2017, siendo padre de una bebé maravillosa de casi 2 años, mi familia se estaba rompiendo por el divorcio, tenía problemas laborales, económicos y personales graves de todo tipo, parecía que mi vida se desmoronaba, y yo estaba destrozado como nunca.

En medio de aquella desesperación y aquel dolor, recordé aquel comentario en aquel avión, y extrañamente sentí una fortísima atracción a realizar el retiro de Emaús que San Germán organizaba unas semanas más tarde.

Sentía que allí encontraría lo que llevaba toda mi vida buscando sin haberlo encontrado aún.

Llamé a la Parroquia San Germán y, milagrosamente, justo esa tarde abrían el plazo de inscripción, pero me dijeron que las plazas se agotaban muy rápidamente, por lo que tenía que estar muy atento si no quería esperar 6 meses al siguiente retiro.

Fui el primero en inscribirme en aquel retiro, y ha sido lo mejor que he hecho en mi vida por mi vida.

En aquel fin de semana de retiro, lo que yo viví y sentí me cambió la vida para siempre. Mi vida interior y espiritual empezó a tener sentido. Mis problemas “terrenales” no desaparecieron de un día para otro, pero empecé a entender mi vida pasada, presente y qué futuro deseo para mí, y a partir de entonces encontré una forma de afrontar todo muy distinta.

El retiro es una oportunidad única para que empieces un nuevo rumbo que cambie TU VIDA PARA SIEMPRE, literalmente.

Ahora sigo siendo el mismo, pero al mismo tiempo soy una persona distinta. Y no sólo mi vida es mucho mejor, sino que he podido abrir a mis seres más queridos la misma puerta que yo abrí en noviembre de 2017.

Hay muchas más cosas buenas esperándote que descubrirás por ti mismo, sólo puedo invitarte a que hagas como hice yo, y digas a ese impulso para dar el primer paso de apuntarte y hacer el retiro. Comprenderás por qué, es confidencial, y por qué sólo lo necesitas hacer 1 vez en tu vida como caminante. ¡Ah! ¡Y por supuesto encontré el significado del Bautismo!

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*MI VIDA CAMBIÓ EN UN FÍN DE SEMANA. (Rodolfo Conesa, 47 años).
Vengo de una familia cristiana y practicante, estudié hasta los 18 años en los Padres Agustinos, pero por diversos motivos, me vi alejado 100% de Dios no queriendo saber nada de Él. Fui prácticamente obligado a realizar el retiro de Emaús, indicar que estuvieron más de un año inscribiéndome, pero ni me presentaba.

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En el Retiro de Emaús, poco a poco, se me mostró lo errado que andaba.  Percibes algo diferente que te acerca a Dios, es una experiencia que nunca había tenido y que me hizo preguntarme muchas cosas. 
No tengo palabras como explicar la transformación de mi vida, he conseguido dejar atrás la mochila que tanto me pesaba. Cambió mi vida en un fin de semana, y yo sin enterarme.    
Indicar que es el mejor regalo que Dios nos ha dado. Sentir a Dios vivo y resucitado es hermoso. En los Retiros de Emaús cada uno recibe la Gracia que necesita 
Puedo decir que es lo más bonito que he podido hacer, les invito es algo inexplicable pero muy hermoso, Dios toca tu corazón de una forma inexplicable  

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*ÉL SIEMPRE ESTUVO A MI LADO. (Javier Angulo, 48 años).
Hice el en 2016. Fue tras ir a recoger a una amiga a que acababa de terminar el suyo. Al ver su cara y de las demás participantes, miré a mi mujer y le dije: -“gorda» aquí tengo que estar yo -.
Un mes después el Señor empezó a cambiar mi vida. Fue un mes de noviembre, un viernes entré por las puertas de una casa de espiritualidad, perdido, sin saber qué me encontraría, “seguro que nada malo”, el Señor estaba allí.

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Llegué en un momento, que como decía Santa Teresa, y salvando las distancias entre ella y yo, de “noche oscura”.
No sentía a Dios por ningún sitio. Yo rezaba, misa, asistía a adoraciones y nada. Pero ese bendito fin de semana, en Emaús vi que Dios me escucha y que siempre está a mi lado. Acompañándome, como me acompañaron, todos mis hermanos de Emaús desde el retiro y hasta hoy. En el que descubrí a mi gran desconocido, el Espíritu Santo. Fue un empujón más en mi camino de conversión, me fui acercando cada día más al Señor y dejando que EL entrara en mi vida, que tomara las riendas de todo y en todo momento.

Emaús me sigue haciendo crecer en mi vida de FE. Cuando comenzamos un retiro siempre me pongo delante del Señor y le digo: “Señor aquí estoy para servirte, para estar a Tu lado, para hacer Tu voluntad, sírvete de mí para llevar a los demás a TI.”

Y así, cada retiro ocurre ese milagro que me sigue acercando más a ÉL por todo lo que vivimos. Siento mucha paz cuando estoy en un retiro y puedo hablar de Dios sin miedo a que nadie me mire mal o cuestione mi FE. Me ayuda a seguir encendiendo mi llama.
Gracias Señor, que me sigues diciendo: “Aquí estoy, ¿y tú?”.

Y mi respuesta siempre es la misma: SI.

Porque EL siempre está a mi lado.

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*UN CORAZÓN NUEVO. (Vicente Ll. P. 56 años).
Emaús ha supuesto la confirmación de la presencia de Jesucristo y su interés por mí. No fue una experiencia más, sin importancia. Desde que le acepté en mi vida, he visto actuar día a día en mi a Jesús y a su Espíritu Santo. En este tiempo he visto claramente aquellas cosas en mi vida que no me hacían feliz y el trato con el Señor me ha ido transformando en alguien capaz de amar y perdonar. Esta experiencia de Dios durante el retiro permanece muy presente en mí después de 5 años.

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En este tiempo, la confianza en Dios y su gracia me ha dado la fuerza para superar la muerte de un ser querido, recuperar el amor en mi matrimonio o ser más generoso con mi tiempo. Algunas cosas puedo justificarlas por una visión diferente de la vida, otras solo puedo explicarlas porque el Señor me concedió un corazón nuevo para amar, ya que el anterior estaba gastado.

 Aunque a veces me extravío, ahora tengo la certeza que Jesucristo resucitado esta entre nosotros, que me acompaña y orienta de forma eficaz cuando acudo a Él y le trato en los sacramentos. Hay muchas formas, sin duda, en las que el Señor se presenta y puede cambiar la vida de una persona. El retiro de Emaús es una de ellas

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*EL QUE MANEJA MI BARCA. (Alberto Beltejar Campos. 52 años)
La vida es la nave que debes gobernar, en un mar de corrientes, vientos, esperanzas y desesperanzas.
Sales del puerto con los valores básicos, a buscar rutas por las que transitar, a buscar las corrientes propicias, los vientos acordes, los puertos donde fondear. Y te vas enredando, entre mil ilusiones, mil laberintos, mil falsedades… En un mundo de relativismo, de distopías.
Emaús es el faro que te guiará a puerto seguro después de tantos vaivenes. El puerto se llama esperanza, se llama fe; es la sensación de volver a casa, después de seguir rumbos por donde no valía la pena transitar.

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*NADA QUE PERDER, TODO QUE GANAR. (M.R.B. 44 años).
Hola, si estás leyendo esto imagino que tienes dudas acerca del Retiro de Emaús al que te han invitado a ir. Me gustaría contarte qué significó para mí. Espero que te ayude.
Lo primero que debo resaltar es que ahí dentro nadie juzga a nadie, porque cada uno tenemos nuestras heridas, nuestros errores y nuestras esperanzas. El respeto y afecto hacia los “nuevos” es absoluto.

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También recuerdo la alegría sincera que se comprueba en cada momento y cómo todos te ayudan en lo que necesites.
Te sientes abrumado y te preguntas ¿qué he hecho yo para que me cuiden así? No te preocupes, lo pensamos todos y al final descubrimos que tiene sentido.
Tampoco te piden que hagas nada más que escuchar a otros y abrir tu corazón para ver quépasa. Y si no pasa nada en tu interior nadie se va a molestar, todos te tratarán con el mismocariño.Seguro que te han dicho que no se puede contar nada, y te extrañará el secretismo.
No te apures, no hay fuegos artificiales (tan sólo los que puedas notar en tu corazón). En mi caso fui en un momento muy duro de mi vida familiar y sé que gracias a ir al Retiro de Emaús fui capaz de sobrevivir aquella etapa con una sonrisa puesta. Es difícil explicar cómo compruebas el Amor que Dios te tiene. Y no es sentimentalismo ni sugestión. Es una certeza tan íntima y tan verdadera que no se puede explicar. El Amor que te tiene Dios lo descubres poco a poco, con pequeños gestos de los demás, con una frase que alguien dice sin darse cuenta, o en un momento a solas en tu habitación.
Ser consciente de ese inmenso caudal de Amor te cambia la vida y hace que cobren sentido tantas frases que escuchaste en catequesis, en una misa, o que decía algún cura por la tele.
Supongo que te he dejado con las mismas dudas que antes de empezar a leerme. Tan sólo te animo a pedirte que te atrevas a ir. No tienes nada que perder y en cambio puedes ganar una nueva forma de vivir, lleno de alegría y del Amor de Dios.
Gracias por leerme.
Que Dios te bendiga.

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*DÉJATE EMPAPAR. (José B.H. 54 años.)
Yo hice el Camino de Emaús “invitado” por mi hermana mayor.
En aquel momento, estaba un poco alejado de Dios. Iba a misa, pero sin darle más importancia.
Era el año 2013, me había separado cinco años atrás…

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Me pasé el fin de semana “esperando” que sucediera algo. Lo que pasó fue un fin de semana. A partir de ese momento, me dejé llevar.
Siempre he dicho que, al entrar en el Retiro, en similitud a una cascada, puedes hacerlo “cubierto” con una buena capa de crema, que impide que te entre el agua, que te moje. O puedes atravesarla y dejar que te cale. Mi icono de WhatsApp lo dice claramente “Dejad que Dios empape vuestras vidas”. Mi vida espiritual cambió radicalmente. Desde entonces he aceptado todo aquello que me Ha Ofrecido. Cuando rezo, repito a menudo, HAGASE EN MI SEGÚN TU VOLUNTAD, como dijo María. Cuando Le dejo, mis problemas se diluyen. La vida se ve de otra forma. Te invito a que atravieses la cascada y Dejes que Dios Empape tu vida”.
Ven, y ya verás.

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*DAME TU MANO, CUENTO CONTIGO. (Eduardo E. S. 51 años).
Son tiempos difíciles de confinamiento y soledad, pero también adecuados para la reflexión. Escribo estas líneas desde Bruselas, alejado de mi familia y mi país por razones laborales. En este encierro que la pandemia nos impone, recuerdo nítidamente mi experiencia de Emaús y de cómo mi enfoque vital se hizo muy diferente.

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Después de aquel retiro, a pesar de mis debilidades y flaquezas, que no son pocas, me sorprendo con frecuencia hablando de Jesús ante personas ateas o agnósticas, sin imposiciones ni malos humores. Escucho sus reflexiones con mucha comprensión y muestro las mías sin complejos ni aspavientos.
Esa fuerza interior que me lleva a hablar de Jesús en los entornos más desfavorables, es algo nuevo que entró a formar parte de mi vida desde aquellos días. Sé que Jesús me da libertad para obrar y es cierto que sigo en esa lucha, a veces no muy intensa, por no separarme de él, pero también estoy convencido de que El sale a mi encuentro justo en el momento que tengo la oportunidad de hacer apostolado y eso me sienta bien (nunca lo hice antes de Emaús), porque es como si El me dijera: “Querido Eduardo, aunque tú te rindas, dame tu mano pues te necesito y cuento contigo”.

Por ello, puedo reiterar las palabras que dije al finalizar mi Camino de Emaús: necesito retomar el contacto con Dios a través de los sacramentos (no soy autodidacta) sé que Jesús está a mi lado, que me quiere con locura y que me necesita para ayudar a los demás.

Mi queridísimo Jesús, María mi madre, no permitáis que me aparte de vosotros. Os animo encarecidamente, en cualquier situación que os encontréis, a que aceptéis este regalo que se llama “retiro de Emaús».

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*ME SENTÍ MUY QUERIDO Y CUIDADO. (Enrique G.J. 50 años).
Para mí, cómo para casi todos los que asistimos a este retiro, Emaús supuso un antes y un después en nuestras vidas. Yo llevaba mucho tiempo con un nivel muy tibio de relación con Dios. Iba a Misa los domingos y algún día entre semana, pero había muchísimos días que no me acordaba de Él. Mi vida no giraba, ni mucho menos, en torno a Cristo.

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Aquel fin de semana de mayo de 2019 experimenté la presencia real de Jesús en mi vida, noté clarísimamente cómo el Espíritu Santo me hacía arder el corazón y me sentí muy pequeñito pero muy querido y cuidado por nuestro Padre.

A partir de aquel fin de semana, veo a Jesucristo en las cosas más pequeñas (y en las más grandes, por supuesto), no hay un día que no piense en Él, que no lea el Evangelio, que no intente parecerme un poquito más a Él, cada día que pasa le amo más y sé que Él me ama.

Aquel fin de semana me di cuenta, como los discípulos de Emaús, de que Jesús fue el que puso a mi mujer en mi camino, organizó todo para que mi sueño profesional, con carambola incluida, fuera posible, me dio todo lo necesario para criar una familia de cinco hijos para darle gloria y me salvó innumerables veces de situaciones complicadas en las que yo inconscientemente ponía en riesgo mi vida.

Además, después de aquello, he visto, con mis propios ojos, cómo actúa el Espíritu Santo.

Yo personalmente recomiendo encarecidamente a todo en que me quiera escuchar, que hagan el retiro de Emaús porque si van con el corazón abierto a Él no hay duda de que saldrán de allí transformados e inmensamente felices de haber ido.

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*NO IMPORTA SI CREES O NO CREES. (Gonzalo Garrigos Domínguez. 38 años).
Hice el Retiro de Emaús con la parroquia de San Germán en mayo de 2019.
¿Por qué fui a Emaús? Realmente no lo sé. Yo ya era un cristiano que iba a misa, rezaba y me consideraba bastante feliz. Pero es cierto que me picaba la curiosidad. Como nadie te cuenta nada de lo que se hace allí…

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Pero es cierto que todos mis amigos que lo habían hecho, volvieron muy felices.  En el retiro me encontré con Jesucristo, vivo y resucitado y me dio mucha luz para ver que en mi corazón había heridas, algunas muy profundas, y que Él las quería curar. Una experiencia realmente maravillosa.
Por eso, da igual como estés. No importa si crees o no crees. Emaús puede ser un punto de inflexión importante. Tu vida puede cambiar, como cambió la mía.
Fíate de Jesús, que te da esta oportunidad y te quiere regalar su amor y alegría.

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*ORIGINAL E IMPACTANTE. (Emilio Folque. 53 años).
Magnifica iniciativa seglar para acercar a Cristo al mundo de hoy, de una manera original e impactarte que genera profundos cambios en el comportamiento de las personas…Lo haría una vez al año…

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*PUDE CONTEMPLAR AUTÉNTICOS MILAGROS (Guzmán Soldevilla Diego. 50 años)
Para mi asistir a Emaús fue una gracia tan grande y portentosa como si hubiera visto oír a sordos, ver a ciegos o resucitar a muertos. Digo esto porque durante mi vida he hablado de Dios a muchas personas y muy rara vez he visto reacción por parte de ellas y en muchos casos me he encontrado con la indiferencia.

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Después de años he llegado a la conclusión de que el retorno a Dios de un alma es algo completamente imposible de lograr por terceras personas, solo depende del Salvador y del consentimiento del interesado.  Por eso, lo que pude presenciar en el retiro para mi fueron auténticos milagros de conversión y no de una persona sino de decenas y tan prodigiosos como los que he mencionado.

Además, y unido a esto, pude ser partícipe del proceso de encuentro de diversas almas con Dios. A mí que me gusta el cine, creo me resultaría difícil encontrar diez películas de la historia con un tema más profundo, existencial y apasionante que aquellas vivencias de las que fui testigo en el retiro.

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*ACEPTA ESTE REGALO, NO TE ARREPENTIRÁS. (Antonio Toledo Gonzalo, 63 años).
En marzo de 2017, fui a recoger a mi mujer al finalizar un retiro de Emaús realizado por esta parroquia y al ver la cara de felicidad y de paz en su rostro y en el del resto de sus compañeras, algo me empujó a preguntar cuándo sería el siguiente retiro de Emaús para hombres y sin habérmelo planteado anteriormente (yo era reacio a este tipo de manifestaciones) solicité mi inscripción para el retiro de noviembre de 2017.

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Yo no pertenezco a la parroquia de San Germán y no conocía a nadie en el retiro, pero desde el primer momento me encontré arropado por todos los que colaboran en su organización y desarrollo, y hoy en día me siento parte de ellos.

Fueron 48 horas muy intensas en las que no me cambió la vida, pero sí la forma de entender y afrontar las diferentes situaciones que en ella se nos plantean. Allí me di cuenta de que Dios había estado siempre a mi lado, como sigue estando ahora, y que era yo el que lo mantenía alejado de mí no dejándole entrar en mi corazón.

Desde ese fin de semana comencé a estar cada vez más unido al Señor y a sentir su Amor incondicional y fortaleza, una fuerza que he necesitado en diferentes situaciones duras que han acaecido recientemente en mi vida, en las cuales he confiado siempre en Él y he sentido que me sujetaba y llevaba en sus brazos para mitigar y amortiguar mi dolor y llevar mi pesada carga.

Hoy en día sigo dando gracias por haber realizado el retiro de Emaús, fue un auténtico regalo para mí.

¡No tengas miedo, no lo dudes ni un momento y acepta este regalo, no te arrepentirás!

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*ESTE ES MI REGALO: NO LO PIENSES, HÁZLO. (Carlos Benjumea. 37 años)
Alguien me dijo que nunca se debe olvidar el lugar donde Dios te habló por primera vez, y en mi caso fue en el retiro de Emaús.
Escribo estas líneas varios años después de haber tomado la decisión de ir al retiro de Emaús, confiando en quién me invitó. En aquel momento quise tomármelo en serio y como me dijeron que sólo puedo hacerlo una vez en la vida, pensé que debía llegar con un anhelo, o un objetivo que alcanzar en el retiro. 

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¿Cuál era mi mayor anhelo en ese momento? Tenía grandes preocupaciones. Mi hijo sufría de ataques de rabia que no podía controlar, mi trabajo me pesaba y no iba muy bien, mi hija estaba luchando con una enfermedad autoinmune y degenerativa que le estaba dañando fuertemente la autoestima, mi matrimonio no atravesaba su mejor momento. Todo esto aderezaba una vida con más luces que sombras de la que me sentía afortunado. En mi reflexión descubrí que mi mayor problema no estaba fuera sino dentro. Necesitaba conocer a Dios y ese fue mi anhelo durante todo el retiro. ¿Cómo puedo «amar sobre todas las cosas» a alguien que no conozco? ¿Cómo querer a quién sin pestañear podía enviarme durante toda una eternidad al infierno? Decidí pedir con fuerza que entre en mi vida y me ayude a conocerle. 
No digo que sea fácil, pero en el momento que abrimos nuestro corazón a Dios (de forma honesta), Él entra y transforma todo para siempre. Hoy mi vida sigue igual, pero yo soy más feliz, y soy capaz de hacer más felices a los que me rodean. Desde aquel retiro de Emaús no puedo olvidar como Dios quiso abrazar todas mis miserias ese fin de semana. Desde entonces le llevo conmigo, sin complejos.
Aunque no te conozco y no sé quién eres, mi regalo hacia ti es pedirte que no lo pienses más. Hazlo.

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*EL HITO QUE MARCABA EL INICIO DE UN NUEVO CAMINO. (D. Bazaco. 48 años).
Muy de vez en cuando suceden acontecimientos en tu vida que suponen un impacto y una disrupción con respecto a lo que viene sucediendo en tu vida ordinaria. Algo inesperado que irrumpe en lo, de otra manera, previsible, que es el estadio en el que normalmente funcionas. Incluso cuando buscas algo así, no sueles encontrar nada más que, por extraordinario que sea, se trata de algo que puedes esperar. 

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Por eso siempre sorprende cuando esta ruptura vital acontece, porque es algo que no podías esperar. Cuando sucede, en ese momento quizás ni siquiera seas capaz de comprenderlo del todo. Solo con el paso del tiempo le das un sentido en toda su profundidad. Sí, sabías que ese acontecimiento marcaba un antes y un después, pero sin realmente saber hacia dónde te conducía. Es con este paso del tiempo -quizás al suceder otro acontecimiento extraordinario- cuando echas la vista atrás y te das cuenta de que el nuevo no es sino la continuación del mismo camino que iniciaste en aquel momento.

Esa es la sensación que tengo respecto al retiro de Emaús. Una experiencia inolvidable, pero que sólo con el paso del tiempo, y con la fidelidad a esa experiencia, me he dado cuenta que es un hito que marcaba el inicio de un nuevo camino. Un camino que merece la pena emprender. Gracias todos los que se han involucrado y han hecho posible que esto suceda.

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*UN FÍN DE SEMANA PARA GANAR TODA UNA VIDA. (Francisco Ramón Sánchez. 48 años).
Ese fin de semana quedará por siempre en mí. Recuerdo que los 12 meses anteriores me los pasé esquivando la invitación de un buen amigo que había realizado el Camino de Emaús y que sólo llegaba a decirme que confiara en él y que fuera a pasar un fin de semana diferente, pero sin aclararme mucho más. Para mí con esos pocos detalles se me ponía muy cuesta arriba pensar que podía «perder» un precioso fin de semana haciendo mis habituales actividades de ocio… Que equivocado estaba, cómo me arrepentí de haber dudado y esquivado las anteriores invitaciones, que poco tiempo empleé, tan sólo un fin de semana para ganar toda una vida.

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*ME INSCRIBÍ CON CIERTAS RESERVAS… (C.M.A. 53 años).
No acepté la primera invitación al retiro que me hicieron, en parte por desconocimiento y en parte porque como sólo se podía realizar una vez, poder así, reservarme ese comodín para otra ocasión.
En la siguiente convocatoria no vi la forma de seguir aplazándolo y me inscribí con ciertas reservas.

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Durante el retiro no noté nada especial, estaba cómodo y participativo, El iba obrando por dentro sin yo ser consciente. Sin embargo, sí que era consciente del impacto en muchos de mis compañeros de retiro.

En el retiro pude ver a través de muchas «casualidades» cómo Dios se iba haciendo presente para cada uno de nosotros en distintos momentos y maneras. A mí, ese momento me llegó más bien al final, ya en el último día.

De una u otra forma, lo que sí recuerdo es la alegría con la que regresé a casa y cómo esa experiencia fue un gran empuje en mi vida espiritual y familiar. Ese encuentro con Jesús, me permitió revisar mi vida y ver como El había estado siempre presente. También me dio la paz de saber que estando unido a Él, no tenía que temer nada.

Es una experiencia que recomendaría a cualquier persona, sea cual sea su situación.

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*NUNCA OLVIDARÉ ESE FÍN DE SEMANA. (Raúl Benito de Pablo).
Mi retiro fue para mi un regalo, fue un fin de semana que nunca olvidaré fue una experiencia que lo volvería a hacer una y mil veces, fue encontrarme con el Señor, sentir su amor atraves de los servidores, fue sentir el abrazo de quien más te ama, un fin de semana del que nunca quieres que se acabe.

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*ÉL SIEMPRE ESTUVO A MI LADO. (Javier Angulo, 48 años).
Hice el en 2016. Fue tras ir a recoger a una amiga a que acababa de terminar el suyo. Al ver su cara y de las demás participantes, miré a mi mujer y le dije: -“gorda» aquí tengo que estar yo -.
Un mes después el Señor empezó a cambiar mi vida. Fue un mes de noviembre, un viernes entré por las puertas de una casa de espiritualidad, perdido, sin saber qué me encontraría, “seguro que nada malo”, el Señor estaba allí.


*VEN, ACOMPÁÑAME. (Ricardo Negueruela 49 años.)
Un día un muy buen AMIGO me invitó a ir al retiro de Emaús, me dijo, «ven acompáñame … Vamos al retiro de EMAUS» sin querer saber demasiado y porque CONFÍO en él, me embarqué, sin muchas preguntas ni reparos.

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Tras un intenso fin de semana, yo salí igual, nada había cambiado para mí, ni dentro de mí, o por lo menos eso pensaba yo … Porque la realidad es que SÍ que CAMBIÉ, aunque no me daría cuenta hasta meses después, tras ayudar en varias ocasiones en otros retiros. Ya sabéis lo que dicen … «los tiempos de DIOS no son nuestros tiempos» y en terreno pedregoso, la semilla tarda más en germinar.
Pero bueno, a lo que íbamos, lo que SI encontré en Emaús fue una IGLESIA VIVA, una IGLESIA ALEGRE, donde no importa de dónde vengas, ni a qué parroquia/grupo pertenezcas, eres SIEMPRE BIENVENIDO, todos te acogen, sin juzgar, sin opinar, sin querer dar consejos … SÓLO dan AMOR y ABRAZOS, MUCHOS ABRAZOS.

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*EMAÚS: UNA BOCANADA DE AIRE FRESCO. (Daniel B. 45 años.)
Tuve conocimiento del retiro de Emaús por un amigo, que me contó que no solo lo había realizado, sino que acudía a otros retiros posteriores para ayudar en lo que se necesitara. Ese altruismo me impresionó, y pensé ¡Esto debe ser la pera! ¡No solo hizo el retiro, sino que sigue asistiendo después para ayudar a los demás! Poco después se apuntó mi mujer, y unos meses después me tocó a mí.
Me apunté con toda la confianza de que me iba a gustar, pero sin saber absolutamente nada de que se trataba, o cómo era realmente el retiro.

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A la llegada me recibieron con sonrisas, amabilidad y simpatía. Se respiraba como una felicidad generalizada en todo el mundo, y eso contrastaba con el ambiente agresivo de la ciudad y del entorno laboral, del que venía. Me sorprendió mucho. No era algo forzado sino natural, auténtico.

EL RETIRO DE EMAÚS entró como una bocanada de aire por la ventana en nuestra casa, en nuestro matrimonio y en nuestra familia. Los niños están alucinados, y felices. Nos notan cambiados, pero mejores. Es como si todos no quisiéramos más.

A partir de ahí empezó una aventura tremenda, y Dios para nada me quitó mis debilidades y pobrezas, sino que cuenta con ellas también para hacerme misericordioso y cercano, servir a los demás, y conocer más a Jesús y a su iglesia.

Emaús ha supuesto un vuelco para mucho mejor en mi relación con Dios, conmigo mismo y con los demás. Ha sido uno de los mejores fines de semana de mi vida, y algo que animo a todo el mundo a aventurarse sin miedo y abierto de mente.

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*CRISTO PILOTA MI VUELO. (Rafael del R. 47 años).
Hice el en 2016. Fue tras ir a recoger a una amiga a que acababa de terminar el suyo. Al ver su cara y de las demás participantes, miré a mi mujer y le dije: -“gorda» aquí tengo que estar yo -.
Un mes después el Señor empezó a cambiar mi vida. Fue un mes de noviembre, un viernes entré por las puertas de una casa de espiritualidad, perdido, sin saber qué me encontraría, “seguro que nada malo”, el Señor estaba allí.
“Emaus”, me ha enseñado a depositar mi confianza en el Señor, cambiándole del sillón de copiloto al de piloto y dejándole abiertamente que gobierne mi vida”. Todo esto es una consecuencia del retiro, de lo vivido y aprendido en él y de la comunidad que lo forma.
Hoy en día, camino más ligero, con la cabeza más alta, más feliz y con un mayor sentido por este mundo; que en esencia no ha cambiado, pero sí uno mismo.

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*HAZ EL RETIRO Y LO VERÁS, TU VIDA CAMBIARÁ. (Álvaro Rod 27 años).
El retiro de Emaús supuso para mí un cambio en todos los sentidos. Lo hice en octubre de 2015, en un momento de mi vida de dudas y necesidades. Notaba que me faltaba algo, como una ayuda en la que yo pudiera apoyarme y acudir cuando más lo necesitara.
Una exnovia me invitó a acudir al Retiro y yo, con 27 años, me fie de ella y fui.

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Ese fin de semana fue el mejor  de mi vida. En 48 horas sentí un vuelco en mi vida, aunque    seguiría igual con mis problemas y deberes. Pero ese fin de semana me marcó, salí distinto,  me ayudó a llevar  las situaciones  y los problemas   de otra manera, a afrontarlos mucho mejor. Después, empecé a ir a las reuniones y a asistir para ayudar en otros Retiros, porque quería dar a otra gente lo que yo había recibido ese fin de semana.  Era de los más jóvenes, pero me sentí siempre muy acompañado por esos valientes que tenían una experiencia de la vida. Aprendí muchísimo de ellos y sigo aprendiendo, veo  a Dios en cada uno de ellos. Fue un regalazo para mí, haber hecho el Retiro con esas personas  mayores que yo,  y con Dios de su mano.

Hace ya más de 5 años de todo aquello, y os aseguro que con esta buena gente y con la ayuda de Dios no temo a los momentos duros que puedan llegar porque tengo la experiencia de Dios en mi vida y el consejo de todos ellos. Y es sencillo, porque en ellos veo al Espíritu Santo que resplandece  gracias al amor de Dios que les infunde. No cambiaría nada de ese fin de semana, y estoy seguro que a ti también te va a pasar lo mismo.  Haz el Retiro y lo verás, tu vida cambiará para mejor, no lo dudes y anímate.

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*¿CREES QUE DEBO HACERLO? NO LO DUDES, SÍ. (Ignacio Durán. 45 años.)
Sin duda una de las cosas que más han cambiado mi vida en los últimos años fue mi retiro de Emaús. Fue, si no lo recuerdo mal, por lo menos hace 5 o 6 años, y aunque en este tiempo haya vivido cosas también extraordinarias, lo de ese fin de semana fue inolvidable.

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Me cambió la forma de ver a mis hijos, me cambió la forma de entender mi matrimonio, me enseñó a mirar de otra manera a la gente que me rodea, y sobre todo me enseñó a valorar todo lo bueno que Dios me ha dado. Sales de Emaús, y te das cuenta de lo que realmente merece la pena en la vida, sales y te das cuenta que no estás solo y que nunca lo has estado, sales de Emaús y ves que cada día es un regalo y que tienes que vivirlo al cien por cien. Te das cuenta que tus problemas son en muchos casos nimios y que no merece la pena preocuparte, porque hay alguien que cuida de ti.

El tiempo ha pasado y seguimos en contacto algunos de los que nos encontramos allí, porque lo que se vive en esos días te une para siempre. Se enciende una llama en tu interior y es en el momento en el que acaba todo el fin de semana donde serás tú, el encargado de darle vida día a día, y no permitir que esa llama se apague.

Si alguien me preguntase… ¿Oye, tu que has hecho el retiro de Emaús, crees que debo de hacerlo?, mi respuesta ´sería muy clara….NO LO DUDES!

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*EN UN FÍN DE SEMANA VÍ LO QUE FUI INCAPAZ EN MÁS DE 60 AÑOS. (José Manuel D. 65 años).
Mi cuñado me lo recomendó insistentemente, me dijo que a él le había venido fenomenal, que le había cambiado la vida. De esto hace ya 7 años.
Yo era muy mundano, he tenido una vida de éxito tanto profesional como personalmente.
Mi mujer, un mes antes que yo hizo el retiro. Ella era como yo, todo bien pero no teníamos ninguna creencia religiosa.

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La noté muy cambiada y me sorprendía mucho. Encima no me contaba nada. Lo que pasa en Emaús se queda en Emaús, decía.
Fui nervioso, el viernes. Siempre he sabido dónde me metía y ahora no. Lo único que mi mujer y su hermano decían que les había encantado.
¡El domingo por la tarde, me puse a fumar un cigarro, al final del retiro y de pronto me di cuenta de que había puesto un pie fuera de la casa!!!.
¡Que no!!! ¡Que yo no quiero salir de aquí!!!! ¡Que quiero seguir!!.
¡Increíble, me cambió la vida, solo en 48 horas vi lo que no había visto en 60 años!!!.
Gracias al camino de Emaús he visto la realidad, sé que Dios está conmigo, y que nunca me abandona.
A todo el que quiero le recomiendo intensamente que lo haga, me parece que no compartir una experiencia tan fundamental sería un egoísmo por mi parte.

Dios nos quiere a todos y cada uno de nosotros, y en el retiro de Emaús se hace palpable.

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*ASÍ SE VIVE EN EL CIELO. (Antonio Gil. 49 años).
Siempre he pensado que Jesús era mi amigo cercano. Pero en el retiro de Emaús, Jesús me presentó a su Padre y al Espíritu Santo. Logré abrazar a Dios en ese fin de Semana.
Ahora lucho día tras día por no soltarle. El camino de Emaús que empezó ese fin de semana, quiero y lucho por seguir caminando y tengo la sensación de que no me quiero alejar de Él y no quiero soltarme del abrazo de Dios.

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Pero es una forma nueva de caminar, desde entonces. Me sigo cayendo todos los días, pecando continuamente, pero intento ser un poco mejor persona en casa, en el trabajo, en la familia… y de la mano de Cristo todo se me hace un poco más fácil.

Descubrí durante un fin de semana como se vive en el cielo, y la verdad es que se está en la “Gloria”.

También me he dado cuenta de que en el solo no se está solo. La Fe en Comunidad es una gozada, una vez descubierto, creo que es la Fe mucho más plena.

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*DESDE ENTONCES MI RUMBO CAMBIÓ…Y SOY MÁS FELIZ. (José Ignacio Domecq. 46 años).
Es una experiencia rompedora, reconstructora, iluminadora y transformadora que en tan solo 48 horas es capaz de hacer que una persona sea cristiana practicante, sacerdote, cristiano medio pensionista o ateo radical voltee su corazón para ver su vida con otra mirada, la de Jesús.
Para descubrir que su vida estuvo siempre acompañada de Dios y que su amor ha estado siempre llamando a su puerta. Ahora toca abrir la puerta, dejar caer las máscaras, vaciar el ego, entregarse en el servicio, recordar, curar y perdonar las heridas del corazón y dejarle entrar en nuestra vida para empezar a caminar en el camino del servicio y la oración. Tuve la suerte de poder hacerlo en 2015 y sé, que desde entonces, mi rumbo cambio, tengo a Dios en mi vida y soy más feliz.

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*CONFIÉ EN QUIEN ME INVITÓ. LUEGO DESCUBRÍ QUIEN FUE. (José María Guillén Sada. 38 años).
Para mi el fin de semana del retiro supuso un acto de confianza en la persona que me invitó, y una experiencia que no me esperaba. De forma directa no experimenté nada especial, si bien ya tenía fe que vivía en mi vida de forma adecuada. Se puede decir que vivía mi vida de fe desde la cabeza, formalmente adecuada, pero falta de sentimiento. Mi fe era más un conjunto de ritos y de costumbres que una relación con una persona.

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Meses después de hacer el retiro noté unas ganas de incrementar mi vida de oración y de abrir mi corazón. Lo tenía tan cerrado que tuvieron que pasar 6 meses hasta que me di cuenta y un año hasta que empecé a ver algún pequeño resultado. No conseguí cambiar mi corazón hasta después de varios años y mucha perseverancia. Lo bueno es que iba experimentando pasos que me animaban a seguir en el camino.

Por mi forma de vivir no permitía que otras personas realmente entraran en mi corazón, por lo que era incapaz de tener una relación de noviazgo y vivía soltero. Tras 5 años de participar en retiros y tras un avance real en mi apertura de corazón me permití entablar un noviazgo que gracias a Dios ha crecido y ha dado sus frutos. Siete años después de hacer el retiro puedo decir que estoy casado y esperando a mi primer hijo.

Cuando la gente me pregunta por los retiros yo siempre digo que para mi supuso una bajada en mi vida de fe. Supuso bajar de la cabeza al corazón. A simple vista puede parecer un camino muy corto y “hacia abajo”, pero para mi representa vivir más plenamente. No tengo todo resuelto ni he experimentado un cambio permanente, sino que debo de seguir luchando cada día por no dejar que se me suba a la cabeza, y cuando lo hace, debo volverla a bajar.

Como alguien dijo alguna vez, no existe ni devoción ni estatuas ni estampas del Sagrado cerebro de Jesús, pero sí del Sagrado Corazón de Jesús. Así que definitivamente me puso en el buen camino.

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*FUIMOS 4 AMIGOS SIN SABER LO QUE NUESTRA VIDA CAMBIARÍA. (S. Ruiz 56 años).
Estamos en abril del 2.014, cuando un amigo íntimo me invita a asistir a un Retiro Espiritual un poco rarito, pues no se sabe muy bien de qué va, dice que es religioso, pero poco más.
Yo ya había asistido a algún Retiro Espiritual tipo Ignaciano, pero poco más, nunca. Había sido un católico muy practicante. Pero mi amigo insiste ya que su mujer lo había hecho hace años y no dejaba de insistir que debía hacerlo. Además, mi mujer lo hace 15 días antes que yo, lo que termina de convencerme, pues le noto un cambio radical, sobre todo la veo mucho más alegre. Por lo que fuimos cuatro amigos sin saber lo que nos iba a cambiar la vida.

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A todo esto, el Retiro me llega en un momento muy complicado de mi vida:           
-Laboralmente estoy en una fase de liquidación de mi empresa, con un gran esfuerzo y sufrimiento por mi parte, ya que estoy pasando de aprobar un acuerdo de proveedores, a optar por la liquidación total.
-Económicamente me estoy arruinando. He intentado rescatar la empresa, pero sin éxito con el desgaste económico y personal que significa.
-Físicamente estoy bastante mal con una enfermedad auto inmune y dolorosa.
-Familiarmente los problemas se multiplican, además mi matrimonio no pasa por el mejor momento.
-Espiritualmente estoy peor que nunca, ya que había abandonado la religión por completo.
De esta manera me llega el RETIRO, y aquí empieza lo bueno.
Después de salir del retiro mi vida cambió bastante, todo fue a peor.
Menos en lo espiritual. Nada mejoró, sino que en lo laboral, económico y físico fue a bastante peor. No voy a aburriros con Enfermedades, pleitos, etc. Pero si hubo algunas cosas que me enseñó el RETIRO, y que gracias a ellas sigo adelante:
-Soy mucho más FELIZ. Ya no me asustan las desgracias. Doy gracias por todas las cosas buenas que me ocurren cada día.
-Ahora aprecio mucho más lo que tengo, en vez de penar y sufrir por lo que he perdido, y no me refiero solo a lo material.
-Ahora perdono de corazón, sé que el rencor es una carga muy pesada y es mejor dejarla aparcada en cuanto la notas. Perdonar de corazón es una sensación de lo más maravilloso que hay.
-Sé que en mis Amigos/Hermanos de Emaús tengo un apoyo incondicional.
-Sé que Jesús esta siempre conmigo.

El Retiro de Emaús no ha cambiado el entorno, la economía, el trabajo, la salud, la familia, etc., siguen sus caminos a mejor o peor. Pero yo sí que he cambiado, creo que por supuesto a mejor, pues soy más feliz.

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*LA CARICIA DE DIOS. (Jesús D.M.R. 56 años).
En el año 2015 un amigo me propuso hacer un retiro de fin de semana, no me podía contar nada, pero me sorprendió enormemente verle haciendo apostolado de vida para vivirla en Dios. Le conocía lo suficiente para saber que Dios no había estado entre sus prioridades y ahora estaba animándome a hacer ese retiro. Le dije que tenía ganas de hacerlo viendo el empeño que mostraba y notando que se había producido un cambio en él.

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El entorno de la familia donde nací era creyente, en una capital de provincia. Mis padres pertenecían al grupo Acción Católica y había un grupo de matrimonios de la parroquia que se juntaban periódicamente. Esos matrimonios eran los que los hijos percibíamos como los buenos amigos de mis padres y lo eran, pues se animaban, apoyaban entre sí, celebraban acontecimientos y cumpleaños juntos y eso se dejaba sentir claramente.

Mis padres tuvieron nueve hijos y nos proporcionaron una educación en un colegio religioso. Se veía en casa el compromiso religioso. Recuerdo a mi padre rezando el Rosario todas las noches por el pasillo de casa, mi madre y abuela respondiendo desde el cuarto de estar mientras nosotros estábamos acostados. Dejaba la puerta de los dormitorios abiertas pues querían que las Avemarías se extendieran a las habitaciones donde estábamos los hijos. Esa era la manera en la que recuerdo dormirme durante varios años.

Con quince años me involucré en un grupo parroquial que dio impulso a mi Fe y así estuve hasta los veintiuno o veintidós años. Ahí conocí a una chica, nos hicimos novios y años después formamos familia.

Según acababa la Universidad mi vida de Fe se fue enfriando. Empezó ese enfriamiento porque dejé de asistir a las reuniones y encuentros de los grupos de Fe. Empecé a racionalizar las cosas, a relativizar comportamientos pensando que eso era tener una mente abierta, en el trabajo duro, en la salud que nos acompañaba, a entender que todo podía quedar bajo mi control y así fui abandonando las prácticas religiosas, dejé de ir a Misa, la Confesión, la Oración, leer la palabra, …

Con cerca de cuarenta y cinco años saltaron las alarmas al ver que amigos de mi entorno se separaban sin que yo entendiera por qué. Situaciones económicas desahogadas, aparentemente no había infidelidades, malos tratos o desprecios. Se creaban situaciones dramáticas y difíciles por el tema de hijos, casa, repartos, pensiones, etc. No quería que me pasara en la familia que habíamos formado y recordando cómo mis padres habían sabido llevar el rumbo de una familia numerosa, con la lucha del día a día, con penas como la muerte en accidente de un hermano, vi que fue la Fe de mis padres la que hizo que pudieran mantenerse en esas situaciones oscuras, de dolor, de marejadas y nieblas. Mi mujer y yo siempre quisimos que nuestros hijos tuvieran una educación en valores cristianos como la que tuvimos nosotros. Llevamos a nuestros hijos a un colegio católico, donde nos fuimos involucrando en las actividades del propio colegio. Empezamos a asistir a los oficios religiosos, a participar en temas parroquiales. Todo esto no quitó dificultades del camino, pero veíamos en la Fe una dirección, el Norte al que dirigirnos. Un viaje a Tierra Santa y posteriormente las Jornadas de la JMJ del 2011 en Madrid asentaron en el matrimonio las ganas de afianzarnos en la Iglesia. Nos vino claramente la emoción que sentimos de la vida de Fe cuando éramos jóvenes en la parroquia en la que participábamos.

En el Retiro de Emaús y experimenté la caricia de Dios a través de los hermanos que estaban dando lo que habían recibido gratis. Vino a mi mente ese primer amor que hacía años yo había sentido por las cosas de Dios.

Mantenerme en las reuniones semanales hizo que se afianzara el llamado de Dios para vivir una vida en familia con Él en el centro. El calor de los hermanos me alentó y mantuvo. Ver cómo el agradecimiento de lo que ha transformado tu vida te lleva a ser apóstol de la Misericordia de Dios en otros me reconforta. Siento como ese Dios carne que se metió en mi corazón y lo inundó se va afianzando y atornillando a mi cabeza para que su presencia en mi vida sea permanente.

Mi mujer hizo el Retiro de Emaús hace un año y eso nos ha dado mucha complicidad, ánimo en la Fe del día a día y confianza del futuro en la Providencia de Dios para con nosotros.

Mi mujer y yo rezamos para que nuestros hijos se centren en una vida con Dios porque eso les hará ser felices y encontrarán el sentido real de sus vidas.

Me atrevo a decir que el mundo con Dios es el Plan Divino para el que fuimos concebidos. El mundo sin Dios es una cadena de situaciones que se agolpan, que se escapan de nuestro control y que, por la ambición del hombre, su vanidad y su ego, nos conduce antes o después al desastre, al abismo.

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*TE PERDONAS A TI MISMO Y ASÍ ES MÁS FACIL PERDONAR (Jaime T. G.)
Cuando llegué, pensé que aquello no era para mi, y que yo no tenía nada que ver con aquellos, aparentemente, «frikis». Luego, con el paso de las horas me fuí dando cuenta de que todos somos exáctamente iguales.

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Algunos de los testimonios eran duros y esa gente, con la ayuda de Dios, habían perdonado todo, tanto a los demás como a ellos mismos.
Hablando con cada uno de ellos, sientes que Dios está actuando en ti de la misma manera.
Mis experiencias fueron absolutamente maravillosas, pensando interiormente en tus carencias y fallos. Te das cuenta, de que a pesar de haberte de haber iniciado mi camino de conversión en Medjugorje, el retiro es una gozada, pero no exento de obstáculos.
No sé si te habrá llegado a tocar un poco el corazón este relato, pero para mí fue algo especial. Cuando hablaban del Espíritu Santo, te reconozco que no entendía nada y en el retiro no sé si lo comprendí del todo, pero sentí muchísima tranquilidad. Cada vez que escuchaba un testimonio, me sentía algo identificado y aprendía cosas. Fue como ver mi vida de nuevo y aprender tanto de las cosas buenas como de las malas.
He hecho cosas en mi vida de las cuales me he arrepentido, pero creo que eran necesarias para disfrutar de esto más. Soy feliz y nadie me lo podrá quitar excepto Dios.
En Emaús he sentido la misericordia de Dios y cuando sientes eso, es una liberación.
Para mí una de las conclusiones del retiro es el perdón, no sólo saber que Dios te perdona, sino que tú te perdonas a ti mismo y así es más fácil perdonar y ser perdonado.

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* PASARON YA 7 AÑOS, Y MI VIDA Y MI RELACIÓN CON LOS DEMÁS ES INFINITAMENTE MEJOR. (Juan D.L.R. 54 años).
Una buena amiga, de las de verdad, me dijo un día, entusiasmada que acababa de hacer un retiro que “estaba de moda”, un retiro distinto a otros (“nada que ver”), de Emaús se llamaba. “Estoy segura de que te va a encantar”. Ese retiro no lo daban sacerdotes, sino los que en el retiro o retiros anteriores habían asistido y ahora querían comunicar aquello que habían experimentado. “Es un fin de semana reservado para ti”, “un regalo que te vas a hacer y no te vas a arrepentir”, etc. etc. etc. me decía….

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Después de ocho años de separación matrimonial, en mis actividades de ocio asociadas al campo, la naturaleza y el aire libre, comencé un proceso aparentemente casual y gradual de acercamiento a la vida espiritual, en la visita a algún monasterio o lugar de peregrinación mariana, en la conversación con algún monje, en la contemplación de la enorme paz y alegría que allí se experimentaba.
Había algo muy fuerte que me llamaba a acercarme hacia la figura de Jesús y de la Virgen María. Cada vez que lo hacía sentía su alivio y consuelo, su comprensión y amor. “Tengo que probar un acercamiento. Tengo que volver”. Siempre pensaba que esas cosas son para cuando se tienen setenta o más años, cuando se está al final de la vida. Pero yo estaba sintiendo esa necesidad ya, a mis cincuenta años. “No puedo retrasarlo más. Y no pierdo nada por probarlo”. Pero, ¿cómo? ¿con quién? No conocía a nadie implicado de confianza y para ese viaje no vale cualquier guía espiritual, porque podemos salir escaldados. 

En aquel momento surgió lo del retiro. Se celebraba el mes siguiente y seguramente no habría ya plazas, pero que me pusiera en la lista de espera y probara suerte. Pues bien, ante su insistencia, me apunté y…. hubo suerte y me dieron plaza. 

El contenido del retiro no lo voy a contar, para no develar lo que pasa en la película, pero sí que os puedo decir que es un fin de semana extraordinario, en un lugar acogedor y alejado del mundanal ruido.  Allí pude ver a gente muy normal, a gente de todo origen, profesión y condición, que manifestaban una hermandad y unas ganas de agradar, de servir y de compartir, que no había visto en ningún sitio.

En el corto espacio de un fin de semana, pude comprobar que Jesús es el único que puede sanar a fondo nuestras heridas, que siempre nos perdona y nos acompaña en nuestro caminar, que siempre nos espera, porque es el Amor con mayúsculas. Y cuando se experimenta ese amor en el retiro, te llenas de alegría y paz, de ganas de servir y compartir, llenas de sentido tu vida y, además, ganas un grupo de amigos que, en realidad, son mucho más que eso, son hermanos, porque compartimos un sentido de la vida que la mayoría no ha experimentado.  Han pasado ya siete años desde aquél retiro y os puedo decir que desde aquél fin de semana mi vida y mi relación con los demás no es la misma; cambió definitivamente. En los difíciles momentos de pandemia y crisis económica que estamos viviendo, hay que buscar la forma de armarse de valores y fortalezas para que, pese a las dificultades que puedan darse, todo adquiera un sentido trascendental que llene de alegría y paz cualquier situación a la que nos enfrentemos, lo que nos permitirá poder compartir y ayudar a los demás de forma auténtica, humilde, amable y de corazón




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*CON LOS OJOS BIEN ABIERTOS. (Alberto A. 33 años).
El retiro de Emaús es un camino que haces cuándo estás buscando algo y no sabes bien el qué. Es un recorrido que debes hacer con los ojos, la mente y el corazón bien abiertos, porque durante ese camino pasan muchas cosas, y es mejor que no te pierdas ninguna…

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En esa búsqueda, lo que ocurría (seguro, si lo haces 100% abierto) es que no encontrarás algo, te encontrarás con ALGUIEN. Una persona, que para algunos será luz, para otros será voz y para muchos será gesto o caricia, que te cambiará la vida para siempre. Lo que sucederá es que se encenderá una llama en ti, que te hará querer ‘prender’ el mundo entero y gritar a los cuatros vientos lo que allí te habrá ocurrido.

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*NO LOGRABA PERDONARME. (J.J.A. 71 años).
Mi experiencia:  que ha sido un regalo del Señor. Me ha permitido una vez más encontrarme con Él a mis 71 años, ha curado todas las heridas con que llegaba a este retiro y me he sentido amado por El y por los hermanos, algo estupendo…

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Siempre he venido arrastrando mi historia y no lograba perdonarme, pero este fin de semana el Señor lo ha hecho, regalándome el poder vivir cada día como si fuera totalmente nuevo y lleno de esperanza.

Aprovecho para dar las gracias a todos los que ayudaron a efectuar el retiro, verdaderos testigos de Jesucristo que tanto me han ayudado, gracias de corazón.

Os deseo La Paz para todos vosotros.

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*NO ESTÁS HUÉRFANO. (L.E.).
Os escribo para agradeceros la maravillosa y cariñosa acogida con la cual hemos sido recibidos los caminantes en el retiro del día 5 de marzo. Recomiendo esta experiencia a todos, pues hay que hacerlo al menos una vez en la vida.

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Es una experiencia en la cual encuentras todo el consuelo espiritual qué buscas y necesitas en tu vida y te das cuenta que Dios está contigo y que no estás huérfano frente a los problemas y angustias de tu vida. Lo recomiendo este retiro plenamente y más si te sientes superado por las circunstancias de la vida y necesitas paz interior para soportar.

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*EMAÚS NO IBA CONMIGO. (José Antonio Calatayud. 49 años).
Tienes dudas, buscas información, necesitas saber qué es esto de Emaús, en qué consiste, qué se hace, … Quieres saber si es para ti, si hay algo que te anime a ir. Yo puedo contarte mi propia experiencia, pues me ocurrió lo mismo cuando mi mujer insistía en que tenía que ir. Sabía que estaba organizado por laicos, pero desarrollado y supervisado por una parroquia; que tenía una importante carga testimonial, y que no importaba el grado de implicación o compromiso con la Iglesia; pero no me bastaba, como tú, quería saber más.

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¿Qué pintaba yo en ese retiro?, pues, aunque había empezado a ver mi religión de otro modo, la realidad es que me seguía considerando agnóstico. Tal vez por eso, llegué sumamente escéptico; dispuesto a no dejarme influir por sentimentalismos ni por efervescencias del espíritu grupal; “eso no va conmigo”. Sinceramente, no sabía que podían contarme ese conjunto de “iluminados”, para posibilitar el encuentro personal con el Señor del que hablaban.

Bueno, pues a pesar de todo esto, de mis reticencias y mis dudas, pude ver que el Señor estaba y había estado siempre en mi vida; que daba igual que no lo viera o no lo sintiera, Él estaba ahí, a mi lado, esperando a que yo le dejara entrar en ella. Entendí además que Él no me exigía nada ni me requería nada; porque Él seguiría estando ahí, queriéndome y esperándome.

Eso es precisamente de lo que se trata Emaús, de ayudarte a que puedas llegar a encontrarte con el Amor de Dios, sin obligarte a nada. Pero te aseguro, que si le das la oportunidad de entrar, te sentirás inmensamente amado, y eso lo cambiará todo. Ahora bien, no te angusties si no ocurre durante el retiro, porque tu momento llegará, y ahora sabes que Él seguirá ahí, esperándote.

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*SALIR DEL ARMARIO. (Miguel Lizano, 65 años).
Fui al retiro buscando un empujón para salir del armario. Aunque nunca había participado de la habitual creencia en que ya sabemos que después de la muerte no hay nada (por dos razones contradictoria, pues para saberlo deberíamos volver a la vida después de haber estado muertos –1ª razón– y mientras estábamos muertos haber tenido la experiencia de que no teníamos experiencia alguna –2ª razón–) ni me había sentido ateo (¿quién te dice que en lo que llamamos muerte no te encontrarás con Dios?), la verdad es que, por adaptación al ecosistema, sí me había fingido muchas veces ateo: necesitaba, pues, “salir del armario”. Y creo que en ese aspecto el retiro fue un éxito.

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¿Cómo lo logró? Aparte de otras cosas que serían largas de explicar (entre ellas muchos regalos, tocables y no tocables), el retiro consistió en una sucesión de testimonios en primera persona a cargo de señores que eran, como suele decirse, cada uno hijo de su padre y de su madre, a los que al principio –quizá por mi aturdimiento ante la novedad– la verdad es que no encontré mucha gracia (el viernes me acosté un poco decepcionado). El sábado me di cuenta de que tal vez no tendrían gracia, pero algo en ellos me daba envidia: los abrazos que se daban (pero estoy harto de ver programas de televisión en los que la gente se da enormes abrazos sin que por ello sienta envidia alguna: era como si hubiera en ellos otra cosa, difícil de definir, que los hacía atractivos). Y los regalos seguían. Me di cuenta también de que, sin tener los testimonios nada de sentimentales, a veces oyéndolos se me saltaban las lágrimas. Me acordaba de mi mujer, y se me hacía evidente cuánto la quería. Me di cuenta de que los hombres sí lloraban. Me pareció entender por qué decía Jesús que sólo los que se hicieran como niños entrarían en el Reino de los Cielos. En algún momento me sentí feliz. En varios. Llegó el domingo. Y ya en el desayuno me di cuenta de una cosa: de que éramos felices (era esencial el plural). Y se me ocurrió que nos bastaría saber que en el Reino de los Cielos no lo íbamos a ser menos que entonces, en ese desayuno, para que valiera la pena darlo todo por llegar a él. Esa ocurrencia era tal vez la llave del armario.

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*ÉL HACE NUEVAS TODAS LAS COSAS. (Nacho H. 43 años).
Hoy Domingo de Pascua de 2021, con mi corazón gritando “Cristo ha resucitado”, Él, que hace todo nuevo, me regala poder compartir un breve testimonio de lo que fue para mí el Retiro de Emaús.
La perspectiva de 9 años desde que viví esa experiencia de Dios me permite una visión no solo de que supuso entonces, de lo que ha supuesto desde entonces, sino de lo que supone hoy día y supondrá en el futuro por la Misericordia de Dios.

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Emaús supuso un aldabonazo definitivo en mi entonces recién iniciado proceso de conversión (de la mano de mi esposa que siempre hizo y hace de cicerona en mi conocimiento y acercamiento del Señor), pues venía de vivir 40 años al margen de Dios, lo que es seguro de no garantía de éxito, del éxito güeno no del que nos venden constantemente. En el Retiro experimenté un enorme, amoroso, cálido, íntimo ABRAZO de DIOS, sensorial, que a la vez me decía que me quería, que me quería como yo era, con mis virtudes y mis defectos, y que me perdonaba todos mis errores, mis pecados, que no contaba mi pasado, sino mi presente y mi futuro, acompañado del Él por siempre y para siempre. Se ponía el marcador a cero. Que mi vida merecía la pena, que contara con Él para hacer “el camino”, a veces duro, a veces suave, pero que nunca perdiera Su referencia. En eso, humildemente, estoy.

Fue un regalo grande, sorprendente, que Cristo me hizo con naturalidad y ternura.

Cuando se vive el abrazo de Cristo de una forma tan directa, en 1ª persona, sin que te lo cuenten, ya nada es igual. Y muy útil, pues he vuelto muchas veces a esa experiencia vivida en Emaús en momentos de tribulación o desasosiego.

Este encuentro con Cristo me permitió entender la vida en su verdadera dimensión, por de pronto sabía porqué estamos aquí y para qué. ¡Emaús/Cristo me arregló la vida! (y me ahorró algún psicólogo que antes había visitado).

Por las circunstancias del camino vivido, porque el Señor no sólo me regalo su Amor, sino también una preciosa familia numerosa (o precisamente por aquello vino esto), no vengo asistiendo a mis reuniones semanales en mi querido San Germán, pero eso no me quita un ápice que me siga sintiendo parte de esa gran familia que es la Iglesia, de la que Emaús entiendo es una habitación más donde se tiene a Cristo presente y donde la Virgen María es querida y venerada como nuestra gran protectora (su imagen preside todas las reuniones). Es también lo bueno de Emaús, prima la confidencialidad, la confianza, y un lugar donde nunca me siento ni me veo juzgado por otro hermano, simplemente “abrazado”.

¡Un abrazo en Cristo a todos los “emaúsas” y “emaúsos”!

  ¡Animo!, ¡como en la película UP, la aventura no ha hecho más que comenzar!

   ¡Viva Cristo Resucitado!

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